"Come seguro comiendo de todo", de Beatriz Robles o cómo arruinarme (con elegancia) mis domingos de pizza precocinada

Me considero un hedonista de la vida. 

Para mí, la felicidad reside en el sabor intenso de una pizza barbacoa de la sección de congelados y en el olor reconfortante del aceite de fritura de mis croquetas caseras. 

Sin embargo, hace poco cometí el "error" (sí, ahora sé que es un error) de leer el nuevo libro de Beatriz Robles: "Come seguro comiendo de todo". Y déjenme decirles que mi vida ha dado un giro dramático.

Robles, con esa voz dulce y persuasiva que solo tienen los expertos en nutrición, se dedica en estas páginas a desmantelar, una a una, mis más profundas y queridas tradiciones culinarias. 

Con una elegancia que casi llega a ofender, me explica por qué mi amada pizza precocinada es, básicamente, una bomba de relojería nutricional y por qué mis croquetas, con todo su sabor a hogar, están a un paso de ser catalogadas como arma de destrucción masiva.

¿El salmón ahumado? Un peligro para mi salud. ¿Las verduras de bolsa, esas que me ahorran preciados minutos de mi vida? Una fuente de todo tipo de bacterias y pesticidas. ¡Incluso el pollo asado, el pilar de mis comidas familiares de domingo, es cuestionado en este libro!

Lo peor de todo es que Robles lo hace con datos, estudios científicos y una lógica aplastante. No hay rastro de esa superioridad moral de algunos nutricionistas que te miran por encima del hombro mientras se comen un trozo de tofu. No, ella es amable, comprensiva y hasta divertida en algunos momentos. Y eso lo hace aún más doloroso.
"Come seguro comiendo de todo" es, en definitiva, un manual para perder la fe en la industria alimentaria y para darte cuenta de que gran parte de lo que considerabas "comida" es, en realidad, un producto diseñado para que te enfermes. Y lo peor de todo es que, después de leerlo, ya no puedo mirar mi pizza barbacoa con los mismos ojos. Ahora solo veo un conglomerado de aditivos, grasas saturadas y un sabor a barbacoa sospechosamente artificial.

Así que sí, este libro es un peligro. Un peligro para mi bienestar mental, para mi bolsillo (¿sabían lo que cuesta el salmón fresco?) y para mis momentos de placer gastronómico. 

Pero también es un libro necesario, valiente y, a pesar de todo, esperanzador. Porque, aunque me haya arruinado las pizzas, al menos ahora sé qué es lo que me estoy comiendo. 

Y quién sabe, quizás un día, hasta aprenda a cocinar un pollo asado sin que mi cocina parezca una escena del crimen.

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