Argentina: el laboratorio del "garrote" y el silencio cómplice de los de siempre

¡Ah, qué tiempos tan maravillosos para ser un magnate o un político con alergia a la calle! 

Mientras nosotros nos preocupamos por nimiedades como llegar a fin de mes o que no nos desahucien, en Argentina están perfeccionando el arte de la "convivencia democrática" a base de palos, gases lacrimógenos y expedientes judiciales.

Resulta que en UGT denunciamos la criminalización de la protesta social en el país del tango. Sí, ese lugar donde ahora, por lo visto, quejarse de que el hambre te aprieta el estómago es un atentado contra el "orden público". ¡Qué desfachatez la de estos pobres, queriendo usar las aceras para algo que no sea caminar cabizbajos hacia sus trabajos de miseria!

La "libertad" de morir de hambre en silencio...

Es fascinante ver cómo la burguesía y las élites económicas —esas que brindan con champán mientras los índices de pobreza escalan como si fueran un unicornio de Silicon Valley— aplauden estas medidas. 

Para ellos, la "libertad" consiste en que el capital fluya sin obstáculos, incluso si ese flujo pasa por encima del cuello de los trabajadores.
El gobierno argentino, en una demostración de "empatía" sin precedentes, ha decidido que la mejor forma de solucionar el conflicto social no es poner comida en los platos o frenar la inflación galopante, sino sacar la libreta de multas y el bastón de mando. Porque claro, todos sabemos que un manifestante bien apaleado es un ciudadano que de repente deja de tener hambre y empieza a amar el libre mercado.

Gobiernos: mirar hacia otro lado como deporte nacional... Pero no nos engañemos, esto no es solo un fenómeno de allá. Aquí, nuestros gobiernos —esos que se llenan la boca con la palabra "progreso" mientras los bancos siguen batiendo récords de beneficios— observan con una mezcla de envidia y silencio cómplice. No ponen las cartas sobre la mesa porque, seamos sinceros, la baraja siempre ha sido suya y las cartas están marcadas.

Evitar que los más desfavorecidos sufran requiere algo que la clase política y la alta patronal no tienen en su vocabulario: sacrificio de privilegios. Es mucho más cómodo criminalizar al que grita que silenciar las causas de su grito. Es más fácil llamar "delincuente" al que defiende su pan que llamar "ladrón" al que especula con el precio de la vivienda o la energía.

Solidaridad (esa palabra que les asusta)...

Desde este humilde rincón, nos sumamos a la denuncia. Porque hoy el experimento es en Argentina, pero la receta de "ajuste más represión" es el plato estrella que las élites globales quieren servirnos a todos.

A los señores de traje y corbata que diseñan estas políticas desde despachos con aire acondicionado: sigan apretando la tuerca. 

Sigan pensando que la paz social se compra con miedo. 

Pero no se olviden de que, históricamente, cuando a la gente se le quita todo, incluso el miedo acaba desapareciendo.

Y entonces, no habrá protocolo de seguridad que les salve del ruido de las cacerolas.

*** ¿Qué opinas tú? 

¿Crees que la protesta es un derecho o un "estorbo" para el tráfico de los poderosos? 

Déjalo en los comentarios (antes de que también lo prohíban).

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