1890: Cuando en Vilanovaa i Geltrú se repartía bacalao a la UGT (y no del de comer)
A ver, pongámonos en situación.
Es noviembre de 1890. Mientras el resto de los mortales en España probablemente estaba preocupado por si la cosecha de uva iba bien o por el último cotilleo de la Corte, un grupo de valientes (y probablemente muy despeinados) se reunía en Villanueva y Geltrú.
Bienvenidos al II Congreso de la UGT. Sí, ese momento estelar donde la organización decidió que, tras dos años de vida, quizás no era mala idea seguir existiendo.
El eterno retorno: García Quejido, el "repetidor". La gran noticia del evento —redoble de tambores, por favor— fue la reelección de Antonio García Quejido como presidente.
Parece que a los delegados de finales del XIX les gustaba eso de "más vale malo conocido". Quejido, que era tipógrafo (oficio noble donde los haya, sobre todo porque sabían leer las verdades que otros solo balbuceaban), se mantuvo al timón. En un alarde de originalidad que hoy nos resultaría extrañamente familiar, el sindicato decidió que si algo medio funcionaba, mejor no tocarlo mucho.
¿Qué se cocinaba en las actas?. No creáis que fueron allí solo a mirar el Mediterráneo y a reelegir a Don Antonio. El Congreso tuvo su miga:
La jornada de 8 horas: ese concepto revolucionario que hoy algunos intentan "flexibilizar" hasta que se convierte en 12. En 1890 era el sueño dorado, la Tierra Prometida.
La lucha contra el trabajo infantil: porque, spoiler, en aquella época que un niño de diez años manejara una prensa no era "formación profesional dual", era la norma.
La estructura: se pusieron serios con las cuotas y la organización. Porque la revolución está muy bien, pero alguien tiene que pagar el alquiler del local y el papel de las octavillas.
Lecciones del pasado para gente con prisa (nosotros). ¿Qué nos enseña este viaje al pasado en Villanueva y Geltrú, aparte de que los bigotes de la época eran arquitectónicamente superiores a los actuales?
La paciencia es un superpoder: en 1890 eran cuatro gatos mal contados, sin redes sociales y con la policía mirándoles de reojo. Y aun así, aquí seguimos. A veces nos quejamos porque un hashtag no es tendencia en diez minutos, mientras ellos esperaban semanas a que llegara una carta de una sección sindical de provincias.
La unidad no es un eslogan, es supervivencia: García Quejido no fue reelegido por su carisma en TikTok (básicamente porque no existía), sino porque entendían que sin una cabeza visible y coherente, el invento se hundía antes de llegar a 1900.
Los problemas solo cambian de ropa: si lees las quejas de 1890 sobre salarios de miseria y condiciones abusivas, te das cuenta de que el capitalismo no ha inventado nada nuevo, solo le ha puesto nombres en inglés como stretching o gig economy.
Nota para navegantes: la próxima vez que te quejes de una reunión de tres horas que "podría haber sido un email", recuerda a los delegados de Villanueva y Geltrú. Ellos no tenían WiFi, pero tenían una determinación que ya quisiéramos nosotros para decidir qué serie ver en Netflix.
¿Aprendemos algo o seguimos esperando a que García Quejido vuelva a salvarnos?
Comentarios
Publicar un comentario