“Ni un desahucio más”… y ni una neurona más perdida, por favor

Si uno lee el comunicado de las entidades sociales agrupadas en la plataforma “Ni un desahucio más”, descubre una mezcla explosiva entre alarma social, frustración crónica y una fe casi religiosa en que, algún día, el Gobierno recordará que la vivienda no es un accesorio opcional, tipo funda del móvil, sino un derecho constitucional.  

Según denuncian, mientras se toman medidas contra la subida del carburante —que oye, también duele— se sigue permitiendo que miles de familias vulnerables vayan directas a la calle, como si el notario que firmó la Constitución lo hubiera hecho con tinta invisible. 

Porque claro, nada dice “coherencia política” como anunciar nuevas medidas de “escudo social” que casualmente no incluyen vivienda, justo en un momento en que los alquileres están “especulativamente desorbitados” y en el que 70.000 familias vulnerables han quedado desprotegidas por la caída de la moratoria antidesahucios. Pero oye, que no se diga que falta previsión: para compensar ese pequeño detalle, se aproximan unas 600.000 finalizaciones de contratos de alquiler. Como quien dice: “tranquilos, ya viene la ola… de desalojos”. 

Las entidades sociales explican que están recibiendo casos de desahucios en cifras “comparables a las de 2011-2013”, aquellos gloriosos años en los que los bancos echaban gente como quien pasa la escoba. Y eso antes de que los efectos económicos de la guerra contra Irán terminen de sacudir los bolsillos. A este ritmo, el realojamiento alternativo será una carpa de circo y una colchoneta, porque alternativas públicas asequibles… las justas.

La reclamación central es clara: que se recupere el escudo social rechazado previamente. Porque de poco sirve que te congelen un precio si al renovar el contrato te sueltan la tendera sorpresa del 40% de subida o, directamente, un “no renovamos porque no nos da la gana”. Y claro, si el mercado decide que tu alquiler vale más que un riñón en Wallapop, pues nada, a la calle, que siempre hay parques muy majos para vivir “con vistas”.

Lo mejor es que las entidades apelan a algo tan inocente como cumplir la Constitución. Qué detallistas. También recuerdan que el “no a la guerra” está muy bien, pero que estaría aún mejor si fuera acompañado de un “no a dejar familias en la calle”.

En resumen:
La vivienda es un derecho.
Los alquileres están imposibles.
La moratoria ha caído.
Los desahucios se disparan.
El Gobierno no incluye medidas de vivienda en su nuevo “escudo social”. Y aun así esperan que la ciudadanía no se indigne. Optimistas no, lo siguiente.

Las entidades, por su parte, piden que los políticos se tomen en serio el drama habitacional, y que dejen de jugar a ver quién pestañea primero mientras decenas de miles de familias miran de reojo la puerta esperando que no venga el aguacil. Pero no pasa nada: siempre quedará el consuelo emocional de saber que, mientras tanto, el precio de la gasolina quizá baje unos céntimos. 

Porque si te quedas sin casa, al menos podrás ir en coche a llorar a un descampado.

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