La épica batalla para proteger a las personas trabajadoras (de nuevo)

Por supuesto que será diferente esta vez. ¿Verdad?.

Parece que la historia económica de España funciona como una serie de televisión: nuevas temporadas, mismos personajes, tramas prácticamente idénticas… y, cómo no, un villano recurrente que siempre vuelve con más fuerza: la inflación, ese ente misterioso que aparece cada vez que alguien, en algún lugar del planeta, decide declarar una guerra o subir precios "porque sí".

Los datos del INE —esos que a algunos solo les interesan cuando dan titulares bonitos— nos recuerdan que en 2025 los costes laborales crecieron un 3,8% y los salariales un 3,6%. 

Un éxito moderado, dicen. Muy moderado. Tan moderado como un “ya si eso otro día”. Porque, claro, mientras los salarios avanzaban a pasito de tortuga, los precios se entrenaban para las Olimpiadas de salto. Resultado: un ganancísimo 0,5% de poder adquisitivo recuperado. Ni para una barra de pan ecológica.
Pero tranquilos: ese tímido respiro podría durar lo mismo que un propósito de Año Nuevo. 

Porque ahora tenemos otra guerra, esta vez en Oriente Próximo, productos energéticos disparados y un escenario "moderadamente catastrófico" en camino. Qué sorpresa. Otro conflicto internacional que, misteriosamente, golpeará sobre todo a quienes menos responsabilidad tienen en él: las personas trabajadoras, también conocidas como “las que pagan siempre el pato”.

Mientras tanto, las empresas siguen obteniendo beneficios de película. De ciencia ficción, concretamente. Pero los salarios siguen sin recuperar lo perdido en 2022. Quizá porque la inflación es como ese amigo pesado que siempre vuelve a pedir favores.

Y para no repetir el capítulo de “cómo perder poder adquisitivo en tiempo récord”, se insiste en lo obvio: el Gobierno debe actuar. Frenar precios, incentivar cláusulas de revisión salarial… ya sabes, proteger a la gente que realmente sostiene el país, no solo a los que salen en las fotos.

¿Y qué hay de las vacantes?...
El INE también nos dice que tenemos 155.737 vacantes en 2025. Un 0,8% del empleo total. Vamos, que el drama no es la falta de personas dispuestas a trabajar, sino la falta de condiciones dignas, procesos ágiles y vivienda a precio no interestelar.

Pero, por supuesto, siempre habrá quien diga que “no se encuentra talento”. Talento sí hay. Lo que a veces falta es sueldo. O contrato. O ambas.
Para resolver este sudoku laboral, se propone reforzar las políticas activas de empleo: más orientadores, mejores servicios públicos, menos laberintos burocráticos. 

Cosas básicas que, sorprendentemente, todavía se siguen pidiendo como si fueran lujos nórdicos.

Para evitar que la inflación vuelva a cebarse con quienes menos culpa tienen, hace falta acción. Acción real, no un PowerPoint. Y, ya que la economía está creando empleo, sería un buen momento para aprovecharlo: mejorar políticas activas, reducir paro y fomentar empleo de alto valor añadido.

Porque si no, nos quedará seguir viviendo al ritmo de siempre: —Los precios suben. —Los salarios corren detrás. —Y cuando por fin casi los alcanzan… ¡Sorpresa! Otra guerra, otro shock, otra excusa internacional.

Eso sí: todo bajo control. 

Como siempre.

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