El "Peligro" de tener ideas claras en el Perú
¡Hola, caminantes del caos!. Bienvenidos una vez más a este rincón del internet donde tratamos de entender qué pasa con el Perú sin que nos dé un derrame cerebral en el intento.
Hoy quiero hablar de la eterna "amenaza roja" que tanto aman odiar en los grupos de WhatsApp de la familia: Verónika Mendoza.
Es fascinante ver cómo se le lanzan al cuello cada vez que aparece. "¡Que el gas es nuestro!", dice ella, y automáticamente medio país se imagina que mañana van a estar haciendo cola para recibir un pan duro.
Sinceramente, admiro su resistencia. Verónika tiene ese superpoder de proponer cosas tan "radicales" como que el agua sea un derecho y no un privilegio, o que las mujeres no tengan que pelear solas contra el sistema de cuidados, y que la gente lo lea como si estuviera invocando al mismísimo apocalipsis.
Nota para los asustadizos: queridos, pedir que el gas de Camisea sirva primero para calentar el café de un peruano antes que el de un japonés no es comunismo, se llama "sentido común", aunque entiendo que en nuestra política eso es un concepto bastante exótico.
Me encanta que, a pesar de que la han intentado jubilar mil veces, ahí sigue. Que si se alió con fulano, que si no se alió con mengano... La verdad es que, mientras el resto de candidatos están ocupados viendo cómo no ir presos o cómo TikTokear su camino a Palacio, ella sigue hablando de la Nueva Constitución.
Sí, esa palabra que le da urticaria a los que creen que el Perú está "perfecto" así como está (spoiler: no lo está). Me parece genial que sea la que pone los puntos sobre las íes en temas de género y medio ambiente, aunque a algunos les parezca "demasiado moderno" para nuestro Congreso, que a veces parece sacado del siglo XIX.
Tal vez el sarcasmo aquí es para nosotros. Nos quejamos de que "todos son iguales", de que "no hay cuadros", pero cuando aparece alguien con un plan de gobierno que tiene más de dos páginas y no incluye bailar "El Totó", nos ponemos nerviosos.
Vero es esa amiga que te dice que tienes que dejar a tu ex tóxico (el sistema actual). Tú sabes que tiene razón, pero te da miedo la soltería económica.
En resumen:
Si buscar una patria que no nos desprecie es ser "radical", pues saquen los polos rojos, porque yo prefiero a alguien que tenga una visión de país coherente —aunque a veces me saque canas verdes con sus alianzas— que a un improvisado con una billetera gorda y la empatía de una piedra.
Al final del día, lo que más me gusta de Verónika es que obliga a la derecha a leer. Y eso, amigos, ya es un milagro democrático.
¿Ustedes qué dicen? ¿Ya se asustaron con el "plan de empleo masivo" o todavía creen que el mercado nos va a salvar por obra y gracia del Espíritu Santo?
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