El Padrino mediático y el arte de "aconsejar" a Rufián


Parece que el correo ordinario ya no se lleva. Ahora, la progresía mediática de salón, esa que huele a moqueta de despacho y a "sentido de Estado" (entendido como su estado de bienestar), ha decidido enviarle a Gabriel Rufián un paquete exprés. 

Y no, no son bombones de la Mallorquina. Es la clásica cabeza de caballo envuelta en papel de editorial de domingo.

El mensaje es tan sutil como una película de Scorsese dirigida por un tertuliano con sobredosis de café: "Con Podemos no se pacta, Gabriel. A Podemos hay que destruirlo. Podemos delenda est".

La oferta que no podrá rechazar (o eso creen). Es fascinante observar este despliegue de matonismo intelectual. Pasamos del "diálogo y consenso" al "¿Plata o plomo?, Gabriel" en lo que tarda en publicarse un tuit. La consigna es clara: para salvar la democracia (su democracia), hay que aniquilar al que molesta en el cuadro.

La Plata: unas palmaditas en la espalda, tres entrevistas amables donde no le pregunten por la herencia recibida y, quizás, el título honorífico de "Nacionalista de los que se puede hablar".

El Plomo: el linchamiento en prime time, las portadas de "fuentes cercanas aseguran" y ese vacío de poder que te dejan cuando dejas de ser útil para el relato oficial.

Lo de "Podemos delenda est" es un toque de distinción. Les encanta el latín cuando se trata de pedir la cabeza de alguien sobre una bandeja de plata. No basta con ganarles en las urnas, no basta con la irrelevancia política; hay que sembrar de sal el terreno donde una vez creció una coleta para que no vuelva a brotar ni una brizna de pensamiento fuera del redil.

Es entrañable ver a esos tótems de la opinión, que se autoperciben como la brújula moral de la izquierda, intentando torcerle la mano a Rufián con la elegancia de un cobrador del frac en un callejón oscuro. "Es por tu bien, Gabriel", le susurran mientras afilan la pluma. "Tú decides: o eres el enterrador o te hacemos un hueco en la fosa".

Nota para navegantes: En este juego de tronos de vía estrecha, la libertad de prensa se ha convertido en el arte de elegir qué cabeza de animal queda mejor en el dormitorio del adversario. 

Gabriel, vigila las sábanas, que el tinte de las rotativas mancha mucho.

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