El nuevo exilio reproductivo: cuando la ley te ampara, pero el sistema de los gobiernos de PP y Vox, te expulsa a Bruselas a abortar
Hace cuarenta años, el destino era Londres. Hoy, en pleno siglo XXI y con una de las legislaciones sobre salud sexual y reproductiva más avanzadas de Europa sobre el papel, el destino es Bruselas.
El reciente testimonio de Laura Gil, ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad incómoda y dolorosa: en España, el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) choca de frente con un muro de burocracia, trabas institucionales y una objeción de conciencia que, en la práctica, vacía de contenido la ley.
A Laura, enfrentada a un diagnóstico de malformación fetal grave, le llegaron a decir en la sanidad pública que "podía esperar a parir y ver cómo de mal venía el bebé".
¿Cómo es posible que una mujer tenga que coger un vuelo internacional en 2025 para recibir una atención médica que la ley española le garantiza? La respuesta se encuentra en la letra pequeña de la gestión sanitaria y en la presión política ejercida desde las instituciones.
La trampa de los Comités Clínicos y la Objeción de Conciencia
La Ley Orgánica 2/2010 (y sus posteriores reformas) establece que, más allá de la semana 22, la interrupción del embarazo por anomalías fetales incompatibles con la vida depende de la autorización de un comité clínico.
Aquí es donde comienza el laberinto para muchas mujeres:
Discrecionalidad y retrasos: Un mismo diagnóstico puede ser aprobado por el comité de una comunidad autónoma y rechazado por el de otra. Los tiempos de espera se alargan con peticiones de pruebas redundantes, sometiendo a las mujeres a una tortura psicológica mientras el reloj biológico avanza.
Objeción de conciencia sistémica: Aunque la ley exige que los hospitales públicos cuenten con personal dispuesto a realizar abortos, la realidad es que servicios enteros de ginecología y obstetricia se declaran objetores.
En contraste, en hospitales de Bruselas —incluso en aquellos de ideario católico— la objeción de conciencia es mínima, los comités son ágiles y la decisión final, una vez informada médicamente, recae donde debe: en la mujer.
La estrategia política: Torpedear desde el dogma...
Esta asimetría en el acceso al aborto no es un mero fallo del sistema; para muchos analistas y colectivos de mujeres, es el resultado de una estrategia política deliberada. Mientras el Gobierno central legisla a favor del derecho, las competencias sanitarias están en manos de las Comunidades Autónomas, muchas de ellas gobernadas por el Partido Popular (PP), a menudo con el apoyo o la influencia de Vox.
¿Cómo se materializa esta oposición en la práctica?
Blindaje de la objeción de conciencia: Vox ha exigido repetidamente en el Congreso y en parlamentos autonómicos que se proteja la objeción de conciencia absoluta de cualquier sanitario, oponiéndose frontalmente a la creación de registros de objetores (una medida que la ley contempla para poder organizar los servicios y garantizar que siempre haya médicos disponibles).
Guerra cultural e institucional: Lejos de facilitar el cumplimiento de la ley, se promueven medidas disuasorias. Un ejemplo reciente fue la propuesta aprobada en el Ayuntamiento de Madrid (con mayoría absoluta del PP y a instancias de Vox) para informar a las mujeres que desean abortar sobre el supuesto "síndrome postaborto", una condición clínica que no está reconocida por la comunidad científica internacional ni por la OMS, pero que se utiliza para culpabilizar y asustar a las pacientes.
Externalización forzosa: Ante la inacción para dotar a los hospitales públicos de profesionales no objetores, la sanidad pública acaba derivando a las mujeres a clínicas privadas o, cuando los comités clínicos deniegan el caso, las deja en un desamparo total, forzándolas a costearse el viaje y la intervención en el extranjero.
Conclusión: Un derecho de código postal y cuenta bancaria...
El caso de Laura Gil no es un hecho aislado. Refleja un sistema donde el derecho a decidir está condicionado por la comunidad autónoma en la que resides, el médico que te toque en la consulta y tu capacidad económica para pagarte un vuelo a Bélgica si el sistema te da la espalda.
No basta con que el Boletín Oficial del Estado reconozca un derecho.
Mientras se permita que decisiones políticas y morales bloqueen la atención en los hospitales públicos mediante comités opacos y objeciones masivas, las mujeres en España seguirán siendo tratadas como ciudadanas de segunda, obligadas a buscar en Bruselas la empatía y la profesionalidad que su propio país les niega.
Comentarios
Publicar un comentario