El botín de euromillones y el arte del sufrimiento rojiblanco: la crónica de un naufragio (y de la vuelta a casa)
Vamos a ser sinceros, colchoneros, si la vida fuera fácil, todos seríamos... bueno, ya sabéis de quiénes seríamos.
No nos apetecería estar aquí, rumiando el último desastre en una final, con el estómago revolviéndose y la dignidad un poco tocada.
Pero es lo que hay, ¿no? Es lo que hemos elegido. Y si de algo sabemos los del Atleti, es de encajar. De encajar, de levantarnos, y de volver a encajar (con la cabeza alta, claro).
Como dice la frase hecha, y como nos recuerda el buen amigo que nos mandó la foto: “Ahora toca levantarse, levantar la cabeza y tener la humildad de asumir la falta de altura con la que se encaró la final”.
No, si humildad nos sobra. De hecho, a veces nos sobra tanta que nos la guardamos para las finales, no vaya a ser que ganemos algo y nos lo creamos.
Porque ser protagonista en los cuatro goles, ya sea a favor o en contra, tiene su mérito, no me jodáis.
En una final, eso dice mucho de tu capacidad para ser… un equipo diferente. Diferente en el sentido de que a veces parecemos un circo. Pero bueno, no hay excusas, ya lo sabemos.
Pero seamos sinceros, ¿quién quiere ser “diferente” en los momentos especiales? ¡Qué pereza! Mejor guardar la soberbia para los partidos de liga contra los colistas, y ser humilde cuando la Champions nos mira a los ojos.
Hay que correr, claro. Y minimizar los errores. Aunque bueno, con la humildad y el correr, si la pelotita no entra... Y ya sabemos quién no corría mucho en sus finales, ¿verdad? Esos que se quedan mirando con prepotencia mientras nosotros nos desangramos en cada córner. Esos que siempre “entienden dónde están”, y para quién pelean.
Nosotros, mientras tanto, seguimos con nuestra suerte, esa suerte de estar en un lugar que, seguramente, nos viene grande. Pero bueno, ¿quién soy yo para juzgar? Yo solo soy un simple aficionado que se levanta a las 6 de la mañana para pagar la hipoteca o quienes cruzan medio país solo por ver si esta vez, POR FIN, es la nuestra.
Y hablando de pagar hipoteca ,vamos a ponernos serios (pero no mucho). "La vida va de asumir que seguramente nunca ganaremos el bote del Euromillón. De perder un empleo, de tener que hacer auténticos malabares a fin de mes para pagar el alquiler o la hipoteca. La vida va de que la chica que te gusta no te haga ni caso". Es verdad, ¿para qué mentirnos?
Si nos acostumbramos a que la vida nos joda, no nos dolerá tanto cuando el Atleti nos joda a nosotros.
Todo forma parte de un entrenamiento vital para alcanzar el nirvana colchonero, un estado en el que la derrota ya no nos provoca dolor, sino simplemente una sonrisa amarga y una palmada en la espalda del de al lado, otro pobre diablo con nuestra misma adicción.
Pero hay algo que nunca nos podrán quitar. Esa bendita capacidad de sufrimiento, esa fe ciega que nos impulsa a seguir a un escudo que nos maltrata, que nos humilla, que nos hace preguntarnos "¿pero por qué me gusta esto?".
Y otra vez queda claro quiénes sostienen esto de verdad: los que se levantan cuando aún es de noche, se dejan medio sueldo sin pensarlo y cruzan medio país en tiempo récord solo por ver a su equipo.
A esos, a los de siempre, a los que han aguantado la lluvia, el frío, la mofa blanca y los viajes de vuelta más largos de la historia (otra vez, sí, otra puta vez).
Buen viaje de vuelta, que lleguéis bien y que nadie os quite lo vivido. Porque lo vivido es todo lo que tenemos.
Lo vivido, y la dignidad de no ser del Madrid.
Y por supuesto, el ejemplo vivo de nuestro Don Luis Aragonés, y del Cholo Simeone. Que si ellos aguantaron y siguieron, ¿quiénes somos nosotros para bajarnos de la vida?
Aunque bueno, la vida tampoco es que nos esté tratando muy bien, ¿no?
En fin. Que sí, que nos hemos estrellado. Que nos han recordado lo que somos antes de la final.
Que ya lo sabemos. Pero que no nos vamos. Porque si nos fuéramos, ¿quién seguiría siendo tan gilipollas como nosotros? ¡Aupa Atleti! Y por favor, la próxima vez, que la humildad se la queden ellos, ¿vale?
P.D.: Y que la chica que nos gusta nos haga caso, aunque sea para decirnos "eres del Atleti, lo nuestro nunca funcionará".
Eso al menos, sería más doloroso que otra final de Champions perdida.
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