El arte de sobrevivir a Budapest (y por qué Karácsony tiene la culpa de que sea genial)
¡Hola a todos! Aquí os traigo una nueva reflexión desde mi rincón del caos. Disfrutad (o no).
Vale, lo confieso. Soy de esos masoquistas que todavía creen en cosas locas como respirar aire que no parezca una mezcla de hollín y desesperación.
Y ahí es donde entra nuestro protagonista favorito: Gergely Karácsony.
Sé lo que estáis pensando. "¿Otro post sobre política?". Tranquilos, esto no es un mitin, es una carta de amor envuelta en sarcasmo, porque ser alcalde de Budapest es, básicamente, intentar organizar una fiesta de cumpleaños en medio de un campo de minas presupuestario.
1. El hombre que odia los coches (o eso dicen). Si escuchas a ciertos sectores, Gergely es un villano de dibujos animados que se despierta cada mañana pensando: "¿Cómo puedo hacer que los conductores lloren hoy?". Pues oye, ¡qué buen trabajo está haciendo! Gracias a su "terrible" manía de poner carriles bici y peatonalizar puentes, ahora tengo el inconveniente de poder cruzar el Danubio sin que me atropelle un SUV de 2 toneladas. Qué tragedia, de verdad. Es casi como si quisiera que Budapest se pareciera a una ciudad europea moderna en lugar de a un aparcamiento gigante.
2. El mago de las finanzas (sin chistera). Hay que reconocerle el mérito: gobernar una capital cuando el gobierno central te trata como a ese primo lejano al que nadie quiere invitar a la cena de Navidad es un arte. Karácsony está ahí, haciendo malabares con el presupuesto mientras le recortan fondos por todos lados.
"Es como intentar cocinar una cena de cinco platos para toda la ciudad teniendo solo una lata de atún y un tenedor de plástico. Y el tío, encima, consigue que sepa bien."
3. Verde que te quiero verde.
Mientras otros se dedican a construir bloques de hormigón que parecen sacados de una distopía soviética, este hombre tiene la audacia de plantar árboles. ¡Árboles! ¿Sabéis la cantidad de sombra que dan? Es indignante. Ahora podré pasear por la ciudad en verano sin sufrir una combustión espontánea. Un visionario, claramente.
Podrán decir que es demasiado blando, que si la gestión del tráfico, que si esto o lo otro... pero al final del día, prefiero a alguien que se pelea por una ciudad viva, verde y humana, aunque eso signifique que algunos tengan que dar una vuelta de más con el coche para encontrar sitio.
Así que, ¡bravo por Gergely!. Sigue así, haciendo que los gruñones se quejen mientras el resto disfrutamos de una Budapest que, por fin, parece que nos quiere un poquito de vuelta.
¿Y vosotros qué opináis? ¿Sois de los que aman los carriles bici o de los que le gritan a la pantalla de tráfico?
¡Os leo en los comentarios!
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