Derechos, no trincheras (y un poquito de memoria, por favor)

¡Ah, el 1 de mayo de 2026! 

Esa fecha mágica en la que las cúpulas sindicales desempolvan las banderas, se ajustan las gorras y nos recuerdan que —¡sorpresa!— la vivienda está cara y los salarios no dan para más que para un menú del día con postre de humildad. 

Leído el manifiesto de mi UGT para este año y, aunque el cuerpo me pide salir a la calle, el cerebro me pide un poco de rigor histórico, que parece que se les ha quedado en el bolsillo del otro pantalón.  

Aquí os dejo mi reflexión para el blog, con la dosis necesaria de cinismo y ese recordatorio de que somos clase obrera, no clientes de un servicio de atención al ciudadano.

Derechos, no trincheras (y un poquito de memoria, por favor)
Es enternecedor. El manifiesto de este año se titula "Derechos, no trincheras. Salarios, vivienda y democracia". 

Un lema precioso, casi de campaña electoral de centro-reformista, si no fuera porque se supone que lo firman herederos de quienes se partieron la cara en las barricadas.  

1. La vivienda: ¿Derecho o milagro?...
Dicen "sin vivienda no hay proyecto de vida". ¡Qué perspicacia! Solo ha faltado añadir que "sin agua no hay hidratación". Se centran en pedir políticas públicas y buen rollito institucional mientras los precios en Málaga (epicentro de la mani este año) expulsan a las personas trabajadoras a vivir en el metaverso.  

Falta la conciencia de clase histórica: aquella que recordaba que la vivienda no es solo una gestión administrativa fallida, sino el campo de batalla donde el capital rentista nos devora la plusvalía antes incluso de que nos la paguen. Menos pedir "cohesión social" y más señalar que el casero también es el enemigo de clase cuando se queda con el 60% de tu sueldo.

2. Salarios y el "Diálogo Social" (El cuento de nunca acabar)...
Celebra que el diálogo social ha permitido "subir salarios". A ver, señores, que la inflación por la crisis de Oriente Próximo nos está comiendo por los pies. Hablar de una subida del 2,9% cuando el IPC se ríe de nosotros al 3,4% no es una victoria, es una derrota gestionada con elegancia.  
"Los derechos no se regalan: se conquistan", dicen.  

¡Exacto! 

Pero se conquistan con el músculo de la huelga y la presión, no con fotos sonrientes en despachos ministeriales mientras la "transición ecológica justa" suena a música de ascensor para quienes no saben si podrán pagar la luz el mes que viene.

3. ¿Dónde está la lucha de clases?...
Lo que más me escuece es ese tono de "protección de la democracia" frente al "odio". Claro que el odio es un problema, pero la democracia no es un ente abstracto que se defiende con comunicados. 

La democracia obrera se defiende en el tajo, organizando al precario, al rider y a la kelly, no solo al funcionario perfecto o al trabajador de la gran industria con convenio blindado, al que muchísima gente precaria desearía parecerse.

Se echa de menos el lenguaje que muerde. Ese que reconoce que estamos en 2026 y seguimos pidiendo las 37,5 horas como si estuviéramos pidiendo permiso para ir al baño. La reducción de jornada no es solo para "ganar tiempo de vida" (muy de manual de autoayuda), es para quitarle poder al patrón.  

Conclusión: apoyemos por supuesto el manifiesto porque, al final, son los nuestros. 

Pero, compañeros/as de las sedes centrales: menos "trincheras" retóricas y más recordar que la historia de la clase trabajadora no se escribió con bolígrafos de merchandising, sino con la conciencia de que somos quienes movemos el mundo.  

Nos vemos en las calles. 


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