¡Atención, mundo!: El egoísmo de ser "bueno"

¡Oh, por favor! Detengan las rotativas y preparen los pañuelos (biodegradables, por supuesto), porque acabamos de descubrir el hilo negro de la iluminación espiritual: el altruismo. 

Esa "hermosa paradoja" que nos dice que, para curar tu propia existencia miserable, solo tienes que ir a salvar la de alguien más.

¿No es maravilloso? Resulta que la Madre Naturaleza, en su infinito sentido del humor, diseñó un sistema de recompensas donde ser un santo es, en realidad, el hábito más egoísta del mundo.

¿Quieres un "subidón" de endorfinas pero te da miedo el gimnasio? ¡Ayuda a una anciana a cruzar la calle! ¿Tienes el cortisol por las nubes porque tu jefe es un tirano? ¡Dona tres mantas viejas a un refugio!.

Es el negocio perfecto: tú das un poco de tu tiempo y, a cambio, recibes una dosis gratuita de superioridad moral y un sentido de propósito que ni diez años de terapia podrían darte.

La "sanación" (o cómo usar al prójimo como antidepresivo)
Lo que más me fascina es la sugerencia de que al centrarnos en las necesidades ajenas, ganamos "perspectiva". Traducción: si te sientes mal porque tu café está frío o tu coche es del año pasado, ve a ver a alguien que no tenga qué comer para que digas: "¡Vaya, qué bien estoy yo!".

Es una técnica de sanación emocional revolucionaria: el altruismo como analgésico. Ya no busques la paz interior meditando en una cueva; búscala en la fila del banco ayudando al que no sabe usar el cajero. Total, estamos todos "interconectados", ¿no? Tu bienestar está ligado al colectivo, lo que básicamente significa que si tú no estás bien, es porque no has explotado lo suficiente el placer de ser desinteresado.

¿Desinterés o marketing personal?
Se nos pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que experimentaste la alegría de ayudar sin esperar nada a cambio?.
Seamos honestos:
Si no esperas nada, ¿por qué te sientes tan bien después? ¡Trampa! El cerebro ya te pagó con dopamina.
Si no lo publicas en Instagram, ¿realmente sucedió? Si no hay un selfie con cara de compasión, ¿cuenta como sanación?
Es casi insultante lo fácil que nos lo ponen. Si quieres reducir el estrés, olvida el yoga; ponte a repartir sopa. Si quieres encontrar tu lugar en el universo, deja de leer filosofía y busca a alguien que necesite un favor. Al final del día, el altruismo parece ser el mejor producto del mercado: es gratis (para ti), te hace lucir bien ante la sociedad y, supuestamente, te cura el alma.

Nota para los escépticos: Si después de ser "bueno" no sientes ese calorcito en el pecho, probablemente es que lo hiciste mal. Vuelve a intentarlo, pero esta vez asegúrate de que alguien te esté mirando.
Al final, qué suerte tenemos. Podemos salvar el mundo mientras nos salvamos a nosotros mismos del aburrimiento y la neurosis.

¿Quién hubiera dicho que la clave de la felicidad era usar al prójimo como gimnasio emocional?

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