Acoso laboral: esa disciplina olímpica que nadie pidió… pero todos parecen practicar
Si pensabas que el ambiente laboral era un espacio para la colaboración, el crecimiento y la ilusión profesional… enhorabuena: ¡trabajas en un sitio que no aparece en este blog!.
Porque según la descripción que tenemos del mismo—con un nivel de detalle digno de un manual de “Bricomanía: cómo desmontar a un compañero paso a paso”— el acoso laboral no solo existe, sino que tiene más modalidades que los Juegos Olímpicos.
Acoso psicológico: el coaching inverso. Este tipo de acoso se centra en desestabilizar emocionalmente a la víctima. Vamos, lo mismo que un coach motivador… pero si el coach quisiera que te diera una crisis nerviosa en la máquina del café.
Incluye actividades tan clásicas como:
Ignorarte con la misma intensidad con la que ignoras las reuniones a las 8:00;
Rumores creativos que viajan por la oficina más rápido que el WiFi;
Un espectáculo....
Acoso físico: para amantes del contacto (no recomendado por Recursos Humanos).
Aquí entran empujones, invasiones de espacio personal y otras maneras de decir “hola” según ciertos perfiles sociopáticos. Ideal para quienes creen que comunicarse asertivamente es de cobardes.
Acoso profesional: el arte de hacerte sentir un mueble.
Consiste en bloquear tu carrera profesional con la misma eficacia con la que se bloquea la impresora cuando más prisa tienes. Lo más elegante: asignarte tareas tan por debajo de tu cualificación que empiezas a sospechar que tu empresa confía más en el becario de 16 años que en ti.
Acoso social: el club VIP de “todos menos tú”. El aislamiento social es divertido, sobre todo cuando no lo escoges tú. ¿Reuniones a escondidas?. ¿Chats sin ti?. ¿Miradas cómplices que no te incluyen?.
Es como estar en un reality show… pero sin cámaras, sin premio y sin posibilidad de nominar al acosador.
Ciberacoso: la era digital también trajo maravillas. ¿Por qué limitarse a humillar a alguien en persona cuando puedes hacerlo 24/7 desde el móvil?
Mensajes ofensivos, exclusiones digitales, correos escritos con la agresividad de un teclado que pide jubilación… Todo muy moderno, muy smart, muy innovador...
Conclusión: una tradición laboral que debería extinguirse antes que los post-its. Está clarísimo: el acoso no es un malentendido, ni un mal día, ni “así es fulanito”. Es reiterado, creciente en las empresas, intencional y perfectamente evitable.
Así que, por favor, si en tu empresa alguien practica cualquiera de estas modalidades… que se apunte a pádel. Es competitivo, desgasta energía y lo peor que puede pasar es que te reviente una pelota en el gemelo.
Bastante mejor que reventar a cualquiera la salud mental.
Comentarios
Publicar un comentario