Úrsula Von der Leyen y el fin de la civilización (o cómo aprender a amar la selva)
¡Qué alivio! Por fin alguien se atreve a decir que eso de las "reglas", el "derecho internacional" y la "legalidad" es un estorbo insufrible.
Nuestra presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, ha tenido una epifanía de realismo político: el orden internacional basado en normas ya no es de fiar.
Es más, se pregunta si no será un obstáculo. Y tiene razón, ¿quién puede gobernar un continente con las manos atadas por algo tan anticuado como la coherencia o el procedimiento? .
Durante décadas, nos vendieron que la Unión Europea era un faro de valores, un proyecto nacido precisamente para enterrar el uso de la fuerza y sustituirlo por el imperio de la ley. ¡Qué ingenuos fuimos! Aquello era solo una fase de "postguerra", una especie de infancia democrática que ya hemos superado. Ahora que somos adultos, Úrsula nos invita a abrazar la madurez: la política de los intereses, el pragmatismo del músculo y el "camino propio".
Básicamente, si el mundo se está convirtiendo en una jungla, lo más lógico es que Europa se compre un machete y se quite el traje de seda.
Lo más fascinante de este giro es la elegancia con la que se despacha el pasado. Dice Von der Leyen que no hay que derramar lágrimas por el régimen iraní tras los ataques de EE.UU. e Israel.
Y tiene toda la razón del mundo: el sentimentalismo es para los poetas. Lo de preguntarse si esos ataques cumplen con la legalidad internacional es tan... 2023.
Si las reglas no nos sirven para ganar, pues se cambian las reglas, o mejor aún, se declaran "un obstáculo" y se sigue adelante.
Es la ventaja de ser los buenos: los buenos siempre saben cuándo las leyes estorban a la bondad.
Incluso ha aplicado esta "lógica" a la ampliación de la UE. Eso de entrar por "méritos" está muy bien para las oposiciones a correos, pero para la geopolítica es una pérdida de tiempo. Lo importante es el interés. Si nos conviene, se entra; si no, se espera.
La seguridad y el realismo por encima de esos tediosos procesos burocráticos que garantizaban, ya saben, la democracia y el estado de derecho.
Prepárense, ciudadanos. Estamos ante el nacimiento de la "Unión Geopolítica", una donde las decisiones se toman rápido, sin el estorbo de la unanimidad y, preferiblemente, sin esa molesta manía de mirar si lo que hacemos coincide con lo que predicamos.
Úrsula nos ha liberado de la pesada carga de la moralidad internacional. Ahora solo nos queda esperar que, cuando otros decidan que las reglas también son un obstáculo para sus intereses contra nosotros, tengamos el machete lo suficientemente afilado.
Gracias, Úrsula, por recordarnos que el derecho internacional era solo un lujo que nos permitíamos cuando no teníamos prisa.
Ahora que el reloj corre, es mucho más práctico volver a la ley del más fuerte.
Al fin y al cabo, ¿qué podría salir mal?
Que buena reflexión y que bien escribes, jodío
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