Un minuto contra el desmemoria

Hay frases que, de tanto repetirse, acaban por perder su significado original para convertirse en refugios de una nostalgia mal entendida. "Esto con Franco no pasaba" es, quizá, la muletilla más resistente del imaginario español. Se suelta en la cola del supermercado, en la barra del bar o en el fragor de una tertulia televisiva como quien lanza un axioma incontestable.

Sin embargo, ha tenido que venir Iñaki Gabilondo para, en apenas sesenta segundos, darle la vuelta al calcetín y transformar ese eslogan del blanqueamiento en una radiografía demoledora de la carencia.

Dice Gabilondo que, cuando oye la frase, se la apunta inmediatamente. Y tiene razón: con Franco, efectivamente, "esto" no pasaba. Pero ese "esto" que no pasaba no era una supuesta seguridad o un orden idílico, sino la vida misma en su expresión más libre y elemental.

En un ejercicio de precisión cirujana, el periodista nos recuerda que bajo la dictadura no pasaba el derecho a amar a quien uno quisiera, ni la posibilidad de divorciarse, ni la libertad de leer el libro elegido o ver la película prohibida. 

No pasaba, sencillamente, porque no se podía.

La lista que Gabilondo invita a repasar es el inventario de nuestras ausencias: la falta de sindicatos para defender al trabajador, la inexistencia de partidos políticos para organizar el pensamiento y, de forma casi simbólica para su profesión, la obligación de las emisoras de radio de conectar con el "parte" de Radio Nacional incluso un año y medio después de muerto el dictador.

Lo que hace Gabilondo es un acto de higiene democrática. En un tiempo donde el ruido mediático y la polarización parecen empañar los logros de la Transición, recordar que la democracia no es solo votar, sino la suma de todas esas libertades cotidianas que hoy damos por sentadas, resulta más necesario que nunca.

La "muletilla" nostálgica suele utilizarse para atacar las imperfecciones del presente, pero Gabilondo nos advierte de la trampa: comparar los problemas de una libertad plena con la "paz" de un cementerio de derechos es una deshonestidad intelectual. Su lista no es un ataque, sino un espejo. 

Un minuto le ha bastado para recordarnos que la democracia española no fue un regalo, sino la recuperación de todo aquello que "con Franco no pasaba".

Al final, la lucidez reside en aceptar el envite del nostálgico para ganarle con la verdad. 

Sí, anotemos la frase, repasemos la lista y no olvidemos nunca que el precio de ese orden que algunos añoran era, simplemente, nuestra libertad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Valentín González Prieto: hoy, en la supraconciencia, vuelve a cumplir años

Trazado arquitectónico para un campesino en el Oriente Eterno: el taller resiste, pero mis columnas se oxidan, Valen.

La invisibilidad de mi lucha. Más allá del "yo te veo muy bien".