Turismo de búnker y otras formas de «sentir el conflicto»Por: Un espectador con arcadas
Hay que reconocerle a la Cadena SER un talento especial para la logística del espectáculo.
Mientras el resto de los mortales nos conformamos con enviar un audio de WhatsApp cuando llegamos tarde al trabajo, Àngels Barceló se planta con todo el equipo de Hoy por Hoy en Tel Aviv.
¿El motivo? No nos engañemos: no es informar (para eso están las agencias y los corresponsales que llevan meses bajo el fuego), sino para que podamos escuchar el susurro del aire acondicionado de un búnker de diseño mientras nos tomamos el café con leche.
Resulta enternecedor, casi poético. Àngels nos narra, con esa voz de "gravedad democrática" que tan bien ensaya, cómo los habitantes de Tel Aviv —ciudad de mente abierta, moderna, casi europea, casi como Malasaña pero con misiles de Irán sobrevolando— intentan "llevar una vida normal". Es fascinante.
Al parecer, la normalidad consiste en que el programa líder de la radio española te cuente la guerra desde el lado del que tiene las mejores defensas antiaéreas del mundo.
Es el periodismo de "sentir el miedo", pero el miedo de los que tienen búnker, no el de los que tienen escombros.
Si el escenario fuera Teherán y las bombas fueran israelíes (que lo son, pero en otro código postal mediático), ¿veríamos a la Barceló con el micrófono en la mano compadeciéndose de la interrupción de la "vida normal" persa? Lo dudo.
En Teherán no hay esa "mentalidad abierta" que tanto gusta en la calle Gran Vía; allí solo hay "regímenes de ayatolás" que, por lo visto, no merecen que se les narre el desayuno bajo las bombas.
Es el triunfo del "blanqueamiento con hilo musical". Nos venden la ofensiva de Netanyahu y Trump —ese dúo dinámico de la paz mundial— como una fatalidad del destino, una especie de lluvia molesta que obliga a los israelíes a refugiarse un rato antes de volver a sus start-ups.
Mientras tanto, en los márgenes de la noticia, 160 niñas mueren en un colegio bombardeado y el papel de los grandes diarios británicos y españoles es... bueno, mirar el parte meteorológico de Tel Aviv.
La guerra es la verdad. Error. La primera víctima es el espectador al que tratan como a un idiota, vendiéndole propaganda belicista envuelta en papel de "especial informativo".
Porque, al final, lo que nos queda es un periodismo de safari: ir, mirar el búnker, suspirar por la paz (mientras se justifica la guerra) y volver a tiempo para la tertulia.
Si esto es la "progresía mediática", que alguien me pase el mando a distancia.
O mejor, que alguien me apague la radio, no sea que el próximo especial de la SER sea desde el despacho de Netanyahu para preguntarle qué tal duerme con el ruido de la libertad.
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