Rosendo y el arte de no decir nada diciéndolo todo: el laberinto de "Haciendo Cábalas"
Si hay algo que define a Rosendo Mercado, más allá de su mítica Fender Stratocaster desgastada, es su capacidad para convertir el lenguaje cotidiano en un rompecabezas de filosofía de barrio.
En "Haciendo Cábalas", una de las piezas más introspectivas de su álbum Lo malo es ni darse cuenta (2005), el de Carabanchel nos invita a una reflexión que, casi veinte años después, sigue golpeando con la misma sequedad.
La letra de "Haciendo Cábalas" no es una narrativa lineal; es un estado mental. Rosendo nos suelta frases que parecen sentencias lanzadas al aire en la barra de un bar a las tres de la mañana.
"Haciendo cábalas para no variar, por si la pifias o te sale de cara..."
Aquí reside la esencia del tema: el peso de la duda. Mientras otros artistas buscan respuestas absolutas, Rosendo se regocija en la sospecha. La canción describe esa parálisis por análisis en la que todos caemos alguna vez, intentando anticipar un futuro que, por definición, es ingobernable.
Lo que hace que esta letra destaque es el uso de un léxico castizo y directo, pero cargado de una carga existencial que ya quisiera más de un poeta de salón. Rosendo habla de:
La inercia: ese "dejarse llevar" que a veces es alivio y otras es condena.
El ruido mental: las cábalas no son más que el intento inútil de controlar el caos.
La autenticidad: fiel a su estilo, no intenta dar lecciones. Se limita a exponer su propio desconcierto ante un mundo que no deja de girar, queramos o no.
Vivimos en la era de los algoritmos y las certezas manufacturadas. "Haciendo Cábalas" es el antídoto perfecto porque acepta la imperfección. Rosendo nos dice que, aunque midas cada paso ("con el punto de mira puesto en la jugada"), al final la vida tiene sus propios planes.
Es rock urbano en su máxima expresión: no necesita grandes metáforas cósmicas para explicar que, a veces, estar perdido es la única forma de encontrarse.
"Haciendo Cábalas" es un recordatorio de que Rosendo es mucho más que un guitarrista de riffs imbatibles; es el cronista de nuestra propia inseguridad.
Una canción que nos dice que, aunque la pifiemos o nos salga de cara, lo importante es seguir ahí, dándole vueltas al coco y al mástil.
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