Noelia: el último refugio de la eutanasia tras el abandono del Estado

Dicen los titulares, con esa frialdad aséptica que a veces gasta la prensa, que Noelia ha decidido morir. 

Pero no nos engañemos: a Noelia no la mata su voluntad, la mata un sistema que le dio la espalda después de que unos salvajes la destrozaran.

Hablar de su muerte sin hablar de la agresión sexual múltiple que sufrió es, sencillamente, mentir por omisión.

Los agresores no solo violaron su cuerpo; violaron su futuro
Noelia no ha elegido el vacío; la han empujado a él. Sus agresores son los responsables directos de sembrar un dolor tan insoportable que la única salida lógica parece la nada.

Esos individuos no solo cometieron un crimen atroz una noche; le arrebataron la capacidad de proyectarse en un mañana. Pero si los agresores encendieron el fuego, nuestra sociedad fue la que cortó el suministro de agua para apagarlo.

El caso de Noelia es la radiografía de un fracaso social absoluto. Es la prueba de que nuestras leyes y nuestros discursos sobre la prevención de la violencia son, a menudo, papel mojado.

Fallo en la Prevención: No fuimos capaces de evitar que sufriera lo peor que se le puede hacer a un ser humano.
Fallo en la Justicia: Un sistema lento y ciego que no sabe reparar lo que se rompe.
Fallo en la Atención: Donde debería haber habido un equipo multidisciplinar, una red de apoyo férrea y un acompañamiento psicológico de excelencia basado en la evidencia, hubo silencio y carencias.

Noelia ya intentó buscar la paz una vez, precipitándose desde un quinto piso. Sobrevivió para seguir sufriendo en un país que se llena la boca con la palabra "protección" pero que deja a las víctimas solas cargando con un peso que nadie puede soportar.

La decisión de Noelia de solicitar la eutanasia es personalmente legítima, pero es socialmente un crimen por negligencia. 

Que una mujer joven considere que la muerte asistida es su única terapia posible ante el trauma es una bofetada a nuestra conciencia colectiva.
"No llegamos a tiempo. No aliviamos su dolor. No supimos decirle, con hechos y no con palabras, que un mañana mejor era posible."

Esta es la consecuencia real de no apostar por sistemas eficaces de protección. 

Siempre nos quedará la duda lacerante: ¿Qué hubiera pasado si Noelia nos hubiera encontrado antes? ¿Qué hubiera pasado si el Estado hubiera sido tan rápido en cuidarla como los agresores lo fueron en destruirla?

Siento un dolor profundo porque para Noelia no haya podido ser de otra forma. Su muerte no es un alivio, es una derrota del sistema. Su historia debe servir para que dejemos de mirar hacia otro lado y exijamos, de una vez por todas, que no haya ni una sola víctima más que sienta que el único lugar donde no le duele el alma es la tumba.

Por Noelia, y por todas las que siguen luchando en silencio contra sus sombras: esto no se puede repetir. 

No aceptaremos que la muerte sea la única solución al abandono.

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