No se apoyen en las barras… ¡y tampoco respiren demasiado!

Metro de Madrid ha vuelto a iluminar nuestras vidas con una campaña brillante: piden a los viajeros que no se apoyen en las barras. Porque, claro, todo el mundo sabe que en hora punta los usuarios van tan holgados que hasta pueden hacer estiramientos de pilates entre estación y estación. Qué detalle. Qué cortesía. Qué desconexión absoluta de la realidad.

Según datos oficiales, el Metro registra sus tres alegres franjas de hora punta —7:30–9:30, 14:00–16:00 y 18:00–20:00— durante las cuales más de 1,1 millones de personas deciden ir a jugar al Tetris humano cada día. Esto supone el 46 % del total de usuarios diario condensado en apenas unas horas. Vamos, que la mitad de Madrid entra en el Metro cuando a ti también te toca entrar. ¿Qué podría salir mal?.
 
Mientras tanto, el resto del día (las llamadas horas valle) parece un remanso de paz comparado con esas franjas, lo cual no sorprende si tenemos en cuenta que 2024 cerró con un récord de más de 715 millones de viajes, un 8 % más que el año anterior. Pero, por supuesto, el número de convoyes crece al mismo ritmo que tu sueldo: es decir, no.

Metro asegura que pone en circulación unos 320 trenes al día, lo cual es estupendo, sobre todo si uno ignora que la demanda sube y sube como si estuviera intentando escapar de un atasco en la M-30. En 2025, por ejemplo, se superaron los 736 millones de viajes, más que nunca en la historia del suburbano, y aun así seguimos viajando como si estuviéramos todos invitados a un “abrazo colectivo” obligatorio. 

Pero no importa. Porque la solución no es poner más trenes, modernizar la flota o ampliar frecuencias. No, no, no.  
La solución es que no te apoyes en la barra. Claro que sí, guapi.

A las 8:15 de la mañana en Sol o Moncloa, uno no se coloca donde quiere. Uno es colocado. Uno entra en el vagón con la misma autonomía que un calcetín en una lavadora. Y si tu espalda termina pegada a la barra, o tu hombro empotrado contra un desconocido, o tu dignidad triturada entre dos mochilas… pues oye, será que no estás colaborando lo suficiente con la campaña.

Quizá Metro desearía que todos flotáramos en el aire con la misma elegancia que un anuncio corporativo. Pero la realidad es que, cuando vas comprimido a 14 atmósferas humanas, tu capacidad de “elegir” dónde van tus extremidades es limitada.

La campaña tiene un mensaje claro: “Si viajas incómodo es porque otros se apoyan en las barras, no porque vayamos con un nivel de congestión digno de un festival gratuito de Rosalía.”

Es una estrategia comunicativa maravillosa: convertir un problema estructural —falta de capacidad, falta de trenes, falta de inversión proporcional a la demanda— en un problema moral del pasajero.

Metro bate récords, sí: 715 millones en 2024, 736 millones en 2025. Pero oye, ¿para qué aumentar el servicio cuando puedes hacer pósters diciendo a la gente que se comporte mejor? Mucho más barato y queda estupendo en Instagram. 

Ya que estamos, podría proponerse alguna campaña complementaria, igualmente útil y realista:
“No respiren demasiado, otros también quieren oxígeno.”
“Viaje con los brazos pegados al cuerpo. Preferiblemente sin cuerpo.”
“Si no cabe, hágase líquido.”

Porque, puestos a pedir imposibles, al menos que sean creativos.

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