Mercadona 2025: el milagro de los panes, los peces y el petróleo "ajeno"

Qué alegría da leer las noticias cuando vienen envueltas en el aroma de pan recién horneado y el brillo de los suelos pulidos de un Mercadona. 

Juan Roig, ese guía espiritual del libre mercado valenciano, nos ha vuelto a bendecir con sus cifras: 1.729 millones de euros de beneficio. Un 25% más que el año pasado. Porque, como él bien dice, ganar dinero es "obligatorio".

Menos mal que nos lo recuerda, no fuera que algún despistado pensara que una empresa está para algo más que para engordar la hucha mientras el resto de los mortales cuenta los céntimos para el aceite de oliva.

Lo de Roig con la inflación es pura poesía mística. Según él, Mercadona es una especie de corcho flotando a la deriva en el océano proceloso de la geopolítica mundial. ¿Que Israel y EE. UU. entran en Irán? Sube el combustible. ¿Que el petróleo sube "una burrada"? Suben los precios de los yogures. "Nosotros no subimos los precios nunca", dice con la cara de quien no ha roto un plato en su vida, "suben porque suben las materias primas".

Es fascinante este mecanismo de defensa: cuando los costes bajan, Mercadona es un ejemplo de eficiencia y gestión; pero cuando los precios suben, la culpa es de un ayatolá a miles de kilómetros.

La lógica es aplastante: los beneficios récord del 25% deben de haber caído del cielo, como el maná, porque desde luego no han salido de ese "ajuste" invisible en el ticket de la compra que el "Jefe" (ese cliente tan mimado) paga religiosamente.

Pero no seamos injustos, que Juan Roig se preocupa por el bienestar emocional. Ha sumado 5.000 empleados más para que alcancen el "compromiso" que se les exige (un eufemismo precioso para "no parar ni para respirar"). Y atención a la métrica de satisfacción laboral: el número de sonrisas.

Olviden los sindicatos, las encuestas de clima laboral o los riesgos psicosociales. Si vas al Mercadona y el cajero no tiene un ataque de risa mientras escanea tu hummus, es que algo va mal en la empresa. 

Un gerente con cuatro años de antigüedad cobra 2.200 euros netos. No está mal, sobre todo si tenemos en cuenta que ese sueldo tiene que compensar el hecho de vivir en una "Tienda 9", un modelo tan eficiente que pronto los productos se lanzarán directamente al carro del cliente mediante catapultas para no perder ni un segundo de productividad.

Calidad vs. Marcas: el existencialismo de Hacendado
Roig se ha puesto profundo: "Yo no creo en Hacendado, creo en la calidad". Es una declaración audaz para el hombre que ha convertido España en un monocultivo de envases blancos y logos verdes. 

Es como si el Papa dijera que no cree en la Iglesia, sino en la bondad. Pero claro, cuando tienes el 28,5% de la cuota de mercado, te puedes permitir el lujo de ser un filósofo de la distribución. 

Eso sí, admite que sus cervezas son "muy mejorables". Gracias por la honestidad, Juan; mis papilas gustativas y las de media España ya lo habían notado hace años, pero se agradece que el "Jefe" supremo lo reconozca.

Al final del día, Mercadona es ese lugar donde todos terminamos claudicando. Nos quejamos de los precios, nos reímos del misticismo de la "calidad" y nos asustamos con los beneficios milmillonarios, pero ahí seguimos, buscando la sección de congelados ahora "más aglutinada" en el nuevo modelo de tienda. 

Porque el futuro es incierto, las guerras van y vienen, pero el dividendo de Juan Roig es, efectivamente, obligatorio.

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