Madrid: el oasis de Ayuso donde la realidad social es una injerencia comunista
Hay que reconocerle a Isabel Díaz Ayuso una virtud teologal: su capacidad para convertir Madrid en un parque temático de la libertad donde lo único que está prohibido es quejarse de que nada funciona.
Es fascinante observar cómo, mientras el resto de los mortales se empeña en señalar listas de espera en sanidad o el caos en la Formación Profesional, ella eleva el debate a la estratosfera de la épica nacional.
Porque, seamos sinceros, ¿quién necesita un médico de cabecera cuando tiene "cañas y libertad"?...
Resulta enternecedor ver el "rigor y pundonor" con el que su Gobierno gestiona lo público. Es una estrategia brillante: si dejas que la Formación Profesional pública se colapse y que los alumnos se queden sin prácticas —a menos que, por supuesto, tengan a bien pagar 500 euros en un hospital público para poder trabajar gratis—, lo que estás haciendo en realidad es fomentar el espíritu emprendedor.
Nada enseña mejor el valor del esfuerzo que descubrir que tu título depende de la cuenta corriente de tus padres.
Es la meritocracia madrileña en su máxima expresión: el mérito de haber nacido en el código postal adecuado.
Y qué decir de la sanidad. Esa manía de la izquierda de querer "reventar" el sistema con pancartas. Es obvio que si un ciudadano espera meses para una ecografía, no es por falta de inversión, sino por un asedio orquestado desde la Moncloa para deprimir a los madrileños.
La solución de Ayuso es de una lógica aplastante: defender el modelo público-privado hasta que la parte "pública" sea un bonito recuerdo nostálgico y la "privada" sea la única puerta (trasera o delantera) por la que entrar a Quirón.
Incluso en el drama de la vivienda, la presidenta demuestra una resiliencia envidiable. Retener el bono alquiler no es desidia, es una medida de protección para los jóvenes: no queremos que se malacostumbren a las ayudas estatales antes de aprender a compartir un piso de 20 metros cuadrados con otros tres "libres" ciudadanos.
En definitiva, Madrid es hoy ese lugar donde puedes morir de éxito (o de falta de atención primaria), pero siempre con la satisfacción de saber que el Gobierno regional está demasiado ocupado salvando a la Nación de las "mentiras" de 2025 como para preocuparse por nimiedades como el funcionamiento del metro o el precio del alquiler.
Al final, lo que importa no es llegar a fin de mes, sino saber que, si te pierdes, nadie te va a preguntar por tu DNI... principalmente porque probablemente no haya ningún funcionario público disponible para hacértelo.
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