Guía para el apocalipsis: cómo no enterarse de nada mientras el mundo vuela por los aires
Si usted es de los que pensaba que el camarote de los Hermanos Marx era un ejemplo de mala gestión logística, bienvenido a la geopolítica de marzo de 2026.
Es fascinante. Estamos viviendo un momento histórico tan "imprevisible" que lo único que podemos predecir con exactitud es que, mañana, alguien apretará un botón y otro alguien dirá que fue sin querer.
Esto es un sindiós, pero con mejor presupuesto y peores actores.
Empecemos por el líder del "mundo libre" (o de lo que queda de él tras el último inventario). Es entrañable ver al presidente de EE. UU. salir anoche a decir que la guerra en Oriente Medio está "a punto de caramelo" para terminarse. Es esa fe ciega, casi infantil, que te recuerda a tu madre diciendo que "la comida está lista" cuando aún no ha encendido el fuego.
Pero claro, cinco minutos después sale su "aliado" —ese señor que lee la Biblia como si fuera un manual de instrucciones de una trituradora— y aclara que no, que todavía queda gente por "pacificar" en Irán, Líbano, Gaza y, si se descuidan, en el pasillo de su casa.
Es una relación sana: uno pone los dólares y el otro pone los misiles. Un tándem perfecto, como el hambre y las ganas de comer.
Lo de la Unión Europea es ya para nota. Tenemos una Presidenta de la Comisión que parece haber tirado la toalla, el bidé y el orden internacional por la ventana. Su mensaje es refrescante: "Se ha ido todo al carajo, así que vamos a quedarnos mirando cómo arde, que las llamas dan calorcito".
La "unidad" europea actual es como una cena de Navidad con cuñados que se odian:
Hungría: Le guiña el ojo a Rusia mientras esconde los cubiertos de plata.
Francia: Se mira al espejo preguntándose si su arsenal nuclear combina con su grandeur.
Alemania: Deja que Trump insulte a España en su cara, probablemente porque el Canciller estaba muy ocupado comprobando si todavía tienen gas para pasar el martes.
España: Sánchez enarbolando el "No a la Guerra", una estrategia infalible que, como todos sabemos, detiene los drones hipersónicos de inmediato mediante el poder del pensamiento positivo.
Nos dicen que el escenario es "grave e imprevisible". Grave es quedarse corto; es el equivalente a estar en una gasolinera donde todos fuman y el encargado está vendiendo mecheros con descuento. E "imprevisible"... bueno, si ves a un pirómano con una antorcha frente a un pajar, no hace falta ser analista de la CIA para saber que el pajar va a terminar en Instagram con el hashtag #ExtremeHeat.
Si usted sabe hacia dónde vamos, por favor, levante la mano. Pero hágalo con cuidado, no sea que algún satélite confunda su gesto con el lanzamiento de un misil tierra-aire y terminemos la semana antes de tiempo.
En fin, disfruten del caos.
Al menos, si el orden internacional se ha ido al carajo, ya no tenemos que preocuparnos por seguir las normas de etiqueta.
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