El despertar de Josep: crónica de una brújula moral con retardo
Resulta conmovedor, casi poético, observar cómo el aire puro de la jubilación tiene la capacidad de despejar las nubosidades del alma.
Josep Borrell, otrora Alto Representante de la Unión Europea —ese cargo cuyo nombre suena a guardián de la galaxia pero que suele operar como relaciones públicas de la inacción—, ha descubierto finalmente que Gaza es un cementerio de principios. ¡A buenas horas, Josep!
Parece que el "faro moral" de Europa no estaba fundido, es que Borrell se había dejado las llaves del interruptor en el despacho oficial y no ha podido pulsarlo hasta que ha entregado la placa.
Durante meses, mientras las bombas caían con el sello de "derecho a la defensa" avalado por Bruselas, Borrell mantuvo una equidistancia tan pulcra que rozaba el equilibrismo circense.
En el cargo: "Israel tiene derecho a defenderse". (Traducción: Sigan, sigan, que nosotros estamos mirando los tratados comerciales).
Fuera del cargo: "Europa ha enterrado su faro moral en Gaza". (Traducción: ¡Qué horror lo que habéis hecho mientras yo os miraba con cara de preocupación!).
Es fascinante cómo la valentía política es, para algunos, una enfermedad que solo se manifiesta cuando el sueldo ya no depende de la disciplina de partido o de los equilibrios con Washington.
Hay que reconocerle el mérito: redactar necrológicas sobre la ética europea es mucho más sencillo que aplicar sanciones cuando se tiene el poder para proponerlas. Borrell ahora denuncia el "doble rasero" de Occidente con una lucidez que asusta. Lástima que esa agudeza visual no le funcionara cuando estaba al mando del timón diplomático y prefirió navegar por aguas de absoluta irrelevancia práctica.
"No es que no supiéramos lo que pasaba, es que estábamos esperando a que Josep se retirara para poder decir que nos sentíamos mal al respecto." — Atentamente, la coherencia europea.
Ahora que ya no tiene que hacer encaje de bolillos entre Berlín, París y Tel Aviv, Borrell se ha erigido en el profeta de las causas perdidas. Es el papel perfecto: crítico, punzante y, sobre todo, absolutamente inofensivo.
Nada dice más sobre la arquitectura de la Unión Europea que un líder que solo encuentra su columna vertebral cuando ya no hay riesgo de que se la partan en una cumbre de ministros.
Gracias, Josep, por recordarnos que la moral europea no se perdió en Gaza; simplemente estaba esperando a que tú tuvieras tiempo libre para escribir tus memorias.
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