El blindaje del mito: Aznar y la rentabilidad del atentado de 1995
El 19 de abril de 1995, una explosión en la calle José Silva de Madrid cambió la trayectoria política de España y, muy especialmente, la de José María Aznar.
Sin embargo, tres décadas después, el análisis de aquel intento de magnicidio sugiere que lo que se nos vendió como una "intervención divina" o una "fortaleza inquebrantable" fue, en realidad, la primera gran operación de marketing político de supervivencia en la democracia moderna española.
Para entender el 19 de abril, hay que recordar quién era Aznar el 18 de abril. El líder del PP de mediados de los 90 era un político cuestionado, percibido por gran parte del electorado como un personaje gris, carente del carisma arrollador de Felipe González y con una imagen de debilidad que no terminaba de cuajar entre los sectores más duros de la derecha.
El atentado de ETA no solo falló en su objetivo físico, sino que proporcionó a Aznar el barniz de acero que necesitaba. La imagen del líder saliendo de entre los escombros, prácticamente ileso gracias al blindaje de su Audi V8, fue explotada hasta la saciedad para construir un relato de "hombre de Estado" predestinado a salvar a la nación.
A pesar de la narrativa heroica, la investigación dejó interrogantes que hoy siguen resultando incómodos...
El fallo de seguridad: ¿Cómo pudo un comando instalar 200 metros de cable en pleno Madrid y accionar un coche bomba en una ruta habitual sin ser detectado? La complacencia de los servicios de inteligencia de la época ha sido a menudo soslayada para no empañar la narrativa del éxito del blindaje.
La "suerte" selectiva: mientras la propaganda se centraba en la invulnerabilidad de Aznar, se minimizaba el hecho de que la verdadera tragedia la sufrió una vecina, Margarita González Mansilla, quien falleció tras meses de agonía. El foco siempre debía estar en el superviviente, no en las víctimas colaterales.
La instrumentalización inmediata: el PP no tardó en utilizar el atentado para martillear a un Gobierno socialista ya cercado por los GAL. Se transformó un ataque terrorista en un activo electoral, sugiriendo que solo un "mártir en potencia" como Aznar tenía la catadura moral para dirigir el país.
Lo que hoy podemos leer como una laguna no es solo técnica, sino interpretativa. Se nos presentó un Aznar "imbatible" cuando, en realidad, fue un hombre que sobrevivió por la tecnología alemana de un coche oficial pagado con dinero público, no por una superioridad moral o política intrínseca.
Este evento fue el ensayo general para lo que veríamos años después: la gestión del relato frente a la realidad. Aquella "fortaleza" impostada tras la explosión fue el germen de la soberbia que marcaría sus mayorías absolutas.
Se convenció a la opinión pública de que Aznar era necesario porque "ETA no había podido con él", un argumento circular que evitaba debatir sobre su programa político para centrarse en su aura de superviviente.
El atentado contra Aznar fue real, pero el "personaje" que nació de las llamas fue una construcción diseñada para cubrir carencias de liderazgo.
Fue el ejemplo perfecto de cómo una tragedia puede ser reciclada en un spot publicitario de larga duración para reforzar una imagen que, hasta ese momento, no terminaba de despegar.
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