Un periódico en posición de firmes: El "Times" y la trompeta de guerra
El New York Times ha cultivado durante décadas la imagen de ser el faro del pensamiento liberal, el contrapoder que puso en jaque a administraciones con los Papeles del Pentágono y el estándar de oro del periodismo que cuestiona al mando. Sin embargo, cuando el río de la geopolítica suena, el "buque insignia" suele cambiar el traje de cronista por el uniforme de gala.
Recientemente, el diario ha dejado de lado su faceta de contrapoder para ponerse, literalmente, en posición de firmes.
Resulta curioso que un medio tan incisivo con el gasto social, la reforma impositiva o los derechos civiles, muestre una docilidad casi reverencial cuando se trata del complejo militar-industrial. Para el Times, el presupuesto de defensa no es un gasto a auditar, sino un altar que alimentar.
¿Por qué esta deriva belicista en el corazón de la prensa liberal? La respuesta que ellos mismos nos ofrecen es tan vieja como el concepto de imperio: "El peligro está a las puertas".
El argumento es recurrente. Se nos dice que el orden mundial está amenazado y que la única respuesta válida es el rearme.
Pero, ¿a qué puertas se refiere el diario?. No son las puertas de los ciudadanos promedio que sufren la inflación o la falta de servicios públicos.
Son las puertas del imperio estadounidense, fronteras invisibles que se extienden por cada continente donde haya un recurso que proteger o una influencia que mantener.
"Cuando el New York Times pide prepararse para la guerra, no está ejerciendo de contrapoder; está actuando como el boletín oficial de una hegemonía que se siente cuestionada."
Un verdadero contrapoder debería preguntar:
¿Es el aumento del gasto militar la única vía diplomática restante?. ¿A quién beneficia realmente esta narrativa de "peligro inminente"?. ¿Cuál es el costo de oportunidad de esos miles de millones en una sociedad con grietas internas?.
En lugar de eso, el buque insignia prefiere tocar la trompeta de guerra. Al hacerlo, valida la idea de que la paz es solo un intervalo entre rearmes y que la libertad de prensa termina donde empiezan los intereses del Pentágono.
El New York Times nos recuerda que, en la cúspide del poder mediático, el liberalismo tiene un límite muy claro: la defensa de la hegemonía.
Cuando se trata de cañones, el diario no fiscaliza el poder, lo amplifica.
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