La anestesia colectiva frente al matadero machista
Cincuenta y un días. Ese es el tiempo que ha necesitado 2026 para registrar una cifra que debería haber hecho saltar todas las alarmas nacionales: 15 mujeres y 2 menores asesinados.
La frialdad de la estadística esconde una realidad sangrienta que, en cualquier otro contexto —terrorismo, catástrofes naturales o seguridad ciudadana común—, mantendría al país en un estado de parálisis y luto oficial permanente.
Sin embargo, el silencio que envuelve estos ataúdes es ensordecedor. ¿Cuándo nos volvimos inmunes al horror?
Lo más desolador de este inicio de año no es solo la violencia ciega, sino la negligencia institucional que la precede.
El dato es demoledor: el 63% de las víctimas ya habían dado el paso valiente de denunciar. Confiaron en el Estado, buscaron refugio en la ley y, a cambio, recibieron una sentencia de muerte firmada por la inoperancia.
Estamos ante un sistema que no protege, sino que gestiona expedientes. Los errores en la calificación del riesgo y una racanería judicial anacrónica están dejando a las mujeres a merced de sus agresores. No son fallos técnicos; son fallos políticos que cuestan vidas.
Mientras el goteo de asesinatos no cesa, asistimos a un fenómeno tan peligroso como el propio machismo: su blanqueamiento. La ultraderecha, desde sus tribunas, niega la violencia de género sin rubor, desmantelando simbólicamente los avances logrados y deshumanizando a las víctimas.
Esta narrativa negacionista no solo es una falta de respeto a la memoria de las asesinadas, sino que legitima a los agresores. Cuando se cuestiona la estructura patriarcal de la violencia, se está lanzando un mensaje de impunidad.
"La indiferencia es la forma más sofisticada de complicidad. No podemos permitir que el conteo de cadáveres se convierta en el ruido de fondo de nuestra rutina."
No queremos minutos de silencio, queremos siglos de justicia.
Urge:
Desmantelar la justicia patriarcal: Necesitamos jueces y fiscales con formación real y empatía, no con prejuicios que minimizan el peligro.
Voluntad política real: Los presupuestos deben reflejar una prioridad absoluta en la protección de mujeres y menores.
Seguridad Vital: Un protocolo que no escatime en recursos cuando una vida está en riesgo.
La sociedad no puede seguir mirando hacia otro lado mientras las estructuras que deberían cuidarnos permiten que el hogar sea el lugar más peligroso para una mujer.
Basta de indiferencia.
Basta de blanquear el machismo.
Nos va la vida en ello.
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