La A4: una autovía de dos velocidades y mil socavones
Cruzar Despeñaperros no es solo un cambio de paisaje; para cualquier conductor, es la frontera entre la seguridad y el riesgo.
La Autovía del Sur (A4), arteria vital que conecta el corazón de la península con el motor agrícola y turístico de Andalucía, se ha convertido en el escenario de una negligencia comparativa que clama al cielo —y al asfalto—.
La logística moderna ha traído consigo a los mega camiones (conjuntos de hasta 25,25 metros y 60 toneladas). Si bien son una maravilla de la eficiencia para el transporte de mercancías, su paso constante ejerce una fatiga estructural sobre el firme que la ingeniería de hace décadas no siempre previó.
El problema no es el camión en sí, sino la física elemental. El peso por eje y la repetición de ciclos de carga actúan como un martillo pilón sobre el betún.
Cuando el mantenimiento es preventivo, la vía aguanta; cuando es inexistente, aparecen los boquetes.
No hablamos de simples grietas, sino de auténticas trampas que comprometen la suspensión, los neumáticos y, lo más grave, la trayectoria del vehículo.
Castilla-La Mancha vs. Andalucía: El Contraste del Abandono. Es imposible no notar la diferencia. Al circular por el tramo de Castilla-La Mancha, se percibe una inversión real. El firme suele presentar un estado digno, con reasfaltados periódicos que permiten una conducción fluida. Hay una gestión que entiende que una autovía de carga pesada necesita cuidados constantes.
Sin embargo, al cruzar el "telón de acero" hacia el tramo de Andalucía, la realidad golpea (literalmente). La inversión parece haberse congelado en el tiempo.
Nos encontramos con
rodaduras hundidas que expulsan el coche hacia los lados; parches sobre parches que crean una superficie irregular y vibrante; socavones que, en días de lluvia, se convierten en lagunas ciegas, aumentando el riesgo de aquaplaning.
No es una cuestión estética ni de comodidad. Es una cuestión de seguridad vial.
Un conductor que debe ir esquivando agujeros mientras es adelantado por un gigante de 60 toneladas no está viajando, está sobreviviendo.
Esta falta de inversión en el tramo andaluz es una falta de respeto a los miles de ciudadanos y profesionales que pagan sus impuestos esperando infraestructuras a la altura del siglo XXI.
La reflexión es clara: no podemos apostar por la modernización del transporte con mega camiones si nuestras carreteras en el sur siguen ancladas en el siglo pasado.
La A4 no puede ser una vía de primera en una comunidad y un camino de cabras asfaltado en la siguiente.
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