El poder de la astucia: releyendo leonas y zorras de Clara Serra
En el ecosistema del feminismo contemporáneo, donde a menudo prima el lenguaje del trauma o la pureza moral, la obra de Clara Serra, Leonas y zorras: estrategias políticas feministas, se mantiene como una brújula necesaria para quienes prefieren la política real sobre el sermón identitario.
Años después de su publicación, el texto no ha perdido vigencia; al contrario, su análisis sobre cómo el feminismo debe construir hegemonía es hoy más urgente que nunca.
El título no es un capricho zoológico, sino una referencia directa a El Príncipe de Maquiavelo. Serra argumenta que el feminismo ha sido históricamente una "leona": fuerte, valiente y capaz de confrontar, pero que a menudo olvida la necesidad de ser "zorra": astuta, estratégica y capaz de sortear las trampas.
La Leona: representa la resistencia, la protesta y la fuerza del "no". Es indispensable para marcar límites, pero por sí sola puede quedar aislada en una esquina de superioridad moral.
La Zorra: representa la seducción política, la capacidad de hablar con los que no están convencidos y la habilidad para construir mayorías.
Serra nos advierte que un feminismo que solo sabe rugir termina por hablarse a sí mismo, convirtiéndose en un club de virtuosas en lugar de una herramienta de transformación social.
Uno de los puntos más provocadores del libro es su crítica al esencialismo. Serra propone un feminismo que no se base en "lo que somos" (mujeres por biología o esencia), sino en "lo que queremos hacer juntos".
Esta distinción es vital. Si el feminismo se cierra sobre una identidad rígida, pierde su capacidad de ser universal.
Para que el feminismo gane, debe ser capaz de articularse con otras demandas y, sobre todo, de resultar atractivo para quienes no se sienten interpelados por la teoría de género académica.
En un contexto de polarización extrema, Leonas y zorras nos invita a bajar las defensas y subir la inteligencia. Nos recuerda que:
La seducción no es traición: convencer al adversario o al indiferente es la base de la democracia.
El poder no es algo sucio: es la herramienta necesaria para cambiar las condiciones materiales de vida.
La diversidad es potencia: un movimiento que teme la diferencia interna es un movimiento débil.
Clara Serra firma un manifiesto por un feminismo ganador. Un feminismo que, lejos de victimizarse, se reconoce como una fuerza política capaz de liderar un proyecto de país. En un mundo que nos quiere reactivas, ser "zorras" —en el sentido maquiavélico— es el acto más revolucionario que podemos ejercer: el de pensar estratégicamente para vencer.
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