Julita, ya no te felicito porque eres eterna...
Aún no sé cómo ser fuerte, pero lo estoy aprendiendo.
Cuanta razón tenías cuando decías, que cuando faltaras "a ver cómo nos apañamos".
Y ¿sabes qué?. Mucho tiempo paso en ocasiones sin saber que hacer sin ti.
Extraño tus enfados, tus consejos, tu sonrisa, tu mirada iluminada y pícara feliz, tu esencia que siempre llenaba la casa, la residencia o donde fueras.
Extraño las llamadas repentinas que hacías a diario para saber cómo me encontraba o qué hacía, o para contar cualquier "chisme".
Y que muchas veces no contesté porque “no tenía tiempo” “porque estaba trabajando”. Extraño el olor de la cocina cuando preparabas de comer, tortillas para bajarlas al bar a primerísima hora de la mañana, porque a ti todo te quedaba rico, porque tú siempre cocinabas con amor.
Extraño tu consuelo en mi sufrimiento, la manera en que acariciabas mi mano, la manera en que me decías que todo estaría bien, como si te adelantaras al futuro y lo supieras.
Extraño tu voz mamá, la extraño siempre a todas horas y tus abrazos, no hay momento en el que no me pasen los recuerdos por la memoria.
Y la vida tiene que continuar y yo tengo que pensar que estás en la habitación de al lado mejor que aquí, que me observas y que aún en la mayor de las distancias, guías mis pasos y cuando tropiezo, aún a lo lejos estás ahí para ponerme de pie.
No es fácil mamá, siempre tuviste la razón. Nadie da duros a peseta, decías.
Ni siquiera difícil es la palabra correcta para tener que continuar sin ti, te extraño tanto.
Y hoy en este 10 de Octubre, celébralo con todas las supraconciencias con las que estés compartiendo sitio, baila, canta, sonrie en la eternidad madre mía , seguro que ahí también eres la mejor en todos los aspectos.
Un día voy a verte de nuevo, ya lo creo que si, ese es mi objetivo lo que me quede aquí.
Porque tú me enseñaste a no creer en imposibles.
Feliz día eterna Julita.
Te quiero y te extraño por igual. Con todas mis fuerzas.
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