VIVIR BIEN SI ES POSIBLE Y HACER EL TRÁNSITO TAN BUENO COMO SE PUEDA.

"Buen morir" implica que un equipo de salud asume la responsabilidad de acompañar al enfermo hasta su muerte, asumiéndola como un proceso natural.

El transito tiene que ser tan importante como la vida que se ha vivido. 

Se tratan los síntomas con la intención de aliviar, no con el fin de prolongar injustificadamente la vida y la agonía.

Llegar hasta aquí como sociedad no ha sido fácil y no esperamos que lo sea en el transcurrir de los años. Aunque la inmensa mayoría de la sociedad apoya el "buen morir", hemos de contar con que algunos pongan trabas. La verdad es que realmente, en la práctica, solo una minoría recurrirá al buen morir, pero toda la sociedad podrá afrontar el final de su vida con más tranquilidad: con una salida si la situación se vuelve insoportable.

Es importante recordar que morir bien, morir dignamente, no depende tanto de dónde, sino de cómo. Morir en casa o en la residencia puede ser la mejor de las opciones, si la persona así lo desea y cuenta con una asistencia de calidad. 

Por eso es importante prepararse y reforzar la sanidad pública, especialmente la atención primaria, verdadera garante de la asistencia en el domicilio y en las residencias de personas mayores, así como hospitales de cuidados paliativos,  contando con la ayuda de equipos de paliativos y de equipos sanitarios de residencias. 

La alternativa a la hospitalización nunca puede ser el abandono a la persona.  

Es inmensamente tranquilizador tener registrado en tiempo y forma el Testamento Vital, en tanto que herramienta para afrontar la muerte que facilita las decisiones al final de la vida. Primero porque es la mejor forma de garantizar que se cumple la voluntad de la persona afectada y segundo por el consuelo que supone para sus seres queridos el saber que así ha sido. 

La muerte es inevitable, pero la buena muerte es un derecho que debiera ser irrenunciable.

Mi madre está como está, en una fase terminal y palitaiva. Me he preocupado y dedicado mucho a ella desde hace casi veinte años. Estoy seguro de que le aporta tranquilidad y paz que estémos a su lado en este trance. Y también de que está muy orgullosa de su hijos.

Aparte de todos los cuidados médicos, os lo aseguro de que estoy convencido de que está en las mejores manos para evitarle sufrimientos, y también para sentirse reconfortada.

Porque en mi opinión hemos de asumir como sociedades y personas, que la muerte no es nada, solo he pasado a la habitación de al lado. Yo soy yo, ella seguirá siendo ella. Lo que éramos el uno para el otro, lo seguimos siendo siempre. Me seguirá llamando por el nombre que siempre me ha llamado, me hablará como siempre lo ha hecho, no cambiará su tono de voz. Seguirá riendo de lo que nos hacía reír juntos. La vida significará todo lo que siempre ha significado. La conexión entre nosotros no se romperá jamás. Estaré esperando por ella, en algún lugar muy cercano, tan solo a la vuelta de la esquina. Todo estará bien.

Porque, tengamos la seguridad de que, más allá de los formalismos, la espiritualidad (laica o religiosa) ha dotado a las personas de un deseo irrefrenable de trascendencia. La espiritualidad no nos juzgará más que por el amor, no porque hayamos cumplido más o menos. Así debe ser, que de una forma misteriosa que no podemos entender en nuestra limitación, no ha fallado nunca a nadie que se haya puesto en sus manos y bajo su manto.

Cuando se ha hecho todo lo humanamente posible, hay que dejarse acoger y encontrar sosiego. 

Y, según la psicología positiva, las fortalezas del ser humano son aquellas cualidades que nos permiten seguir adelante con valor y firmeza.
En mi caso, gracias a Julita y a su fortaleza, somos capaces de superar los distintos retos que nos propone la vida.
Ella está a día de hoy expectante por volver a la residencia y hace una semana estaba mal mal mal, os lo aseguro. Pero no nos despistamos, está en fase terminal.

Pero la vida ha decidido regalarnos algunos días más, quien sabe cuántos.

Gracias al Hospital Ramón y Cajal, todo su personal, sanitario, auxiliar, limpiadoras, al área de Medicina interna y cuidados paliativos.

Y con todo ésto, sólo nos queda estarnos lo más tranquilos posible y vivir éstos momentos con ella como un regalo, aunque pueda parecer extraño.



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