VOLVER, RELATIVIZANDO, PARA APRENDER A SER FELIZ...

Seguro que alguna vez hemos sido felices, incluso plenamente felices. 

Esos momentos en los que consideramos que lo tenemos todo: salud, trabajo (aunque sea precario), pareja, un sindicato maravilloso por los cuatro costados, unos compañeros y compañeras maravillosos/as sin toxicidad ni viejos del visillo, unos amigos que siempre están a nuestro lado, una casa de ensueño…pero… no consigo, pese a todo, lograr sentirme feliz. 

¿Por qué?

La respuesta a la que consigo aproximarme es que, casi siempre, tiendo a buscar la felicidad en lo superficial, en las cosas materiales, por eso, en ocasiones, uno tiene esa sensación falsa de "tenerlo todo", pero me llego a encontrar bien emocionalmente.

La clave está en la parte emocional. 

En el día a día no me siento del todo cómodo con la vida que llevo y eso es posible porque algo está fallando a nivel emocional, en el entorno, familiar o sindical. 

Y es que una de las variables que están interfiriendo en mi bienestar, en el 90% de los casos son las malditas preocupaciones (vuelve el cántaro a la fuente). 

Esos pensamientos interminables que aparecen día tras día, a todas horas, en mi cerebro y no me deja tranquilo ni un segundo: “qué pasará si decido tirar la toalla en el sindicato”, “¿y si me pasa algo grave de salud?”, “seguro que no encuentro nada parecido a desarrollar mi trabajo en el sindicato…”

Ese círculo vicioso de pensamientos incesantes son los que tienden a generarme la infelicidad, por ello, el secreto para ser uno feliz, reside en aprender a relativizar.

No es baladí la tarea. 

El 80% de todas esas preocupaciones están relacionadas con mi futuro inmediato, a medio y largo plazo, por lo que en realidad, las preocupaciones reales y del momento presente, son elevadas.

El objetivo de poder relativizar consiste en ampliar mi visión y perspectiva de lo que me rodea de lunes a domingo. 

Imagino mucho que con mi Polineuropatía en las piernas, voy caminando por el Pirineo, haciendo una ruta, y durante todo el trayecto voy con la atención y mirada fija en el suelo, para ver si tropiezo con alguna piedra o bache al fallarme las piernas. 

Y siempre, cuando finalizo el recorrido, me siento inmensamente agotado. 

Durante el camino he ido en tensión ante la posibilidad de poder encontrar un peligro...

Y es que, si de verdad quiero disfrutar del camino, quisiera poder alzar la cabeza y dirigir mi mirada hacia el paisaje y todo lo que me rodea, no quedarme obcecado en el peligro y conseguir disfrutar de lo maravilloso que es en el entorno.

Asi en la vida, familiar, sindical y de salud.....

Quisiera poder desfocalizar mi atención del peligro y visualizar la parte positiva, porque es lo que se pretende a través de la relativización.

Es tan dificil no regocijarse en el problema, en el oscurantismo negativo y sin solución vital...

La mayor parte de las veces, soy consciente de que soy yo mismo quien le da más importancia a los acontecimientos, de la que realmente tienen...

Pese a la cierta toxicidad de los entornos que le hacen a uno desarrollar un pensamiento en bucle que hace que lo magnifiquemos y quedemos atrapados en la preocupación a la que me han llevado los últimos años...

Tengo claro que en lugar de preocuparme por el problema, tengo que pasar a la acción, y ocuparme en tomar decisiones. 

Visualizaré la parte positiva. 

No quedarme anclado en la parte negativa de los sucesos, me tiene que permitir salir de este "círculo vicioso" en el que llevo los últimos casi 4 años, por lo que resulta muy eficaz poder potenciar y desarrollar una actitud positiva hacia el problema que me machaca la cabeza y la salud. 

Ello ayudará a sentirme mucho más tranquilos y en paz.

Aprender a relativizar, debiera ayudarme a dejar en un segundo planos todas esas cosas sobre las que en el momento presente no tengo acceso, lo que disminuirá por tanto mi grado de preocupación y sufrimiento, y en consecuencia, me hará sentirme más "relativo" y acercándome a ser más feliz.

Porque relativizar, que no es baladí, es querer seguir haciendo lo que hago y quiero seguir trabajándome el ayudar a la gente, a las personas, a la clase trabajadora. 

Fuera del foco de la toxicidad está la realidad de la vida, lo que realmente llena el alma personal y sindical. 

Que suene el teléfono o entre un mail de quien sea, para pedir que le eche un cable, me pone las pilas. 

La ayuda sectorial o de sección sindical es ardua (la conozco, la controlo) y es lo que realmente da sentido al día a día. 

Pese a que Sabina dice que "dónde uno fué feliz no debiera volver, no sea que hayan cambiado las cosas de sitio"...

Porque del pozo en el que me encuentro he de salir, con (auto) paciencia, con (auto) amor y con apoyo, por supuesto, que lo necesito y no he encontrado últimamente.  

Se trata de eso: "Paciencia, paz y ciencia". 

Hace unos días Toni Ferrer entró en mis sueños y me dijo: "todo estará bien, la vida sigue" y me tengo que agarrar a ése consejo. 

Confieso los últimos meses he perdido la esperanza muchas veces y por más que soplaba los nubarrones no se iban, y pensamientos horribles hacia mi persona, pero tengo que volver a la rutina, mi maravillosa rutina sindical desde la base, sin focos, sin luces, sin patadas sucias, sin miradas de reojo. 

Yo escribía y opinaba, escribía y opinaba muchísimo. 

Lo haré, desde mi opción de libertad en la base. 

Sea cual sea. 

Y encontraré el camino en las pequeñas cosas, que son las realmente grandes.

Me apoyaré en las personas cercanas en el sentido emocional. 

Sé que puedo, soy un jodido estoico, de la base obrera. 

La clase obrera, el mundo y yo mismo, me necesita, me necesito. 

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