Nunca dejes de creer
La identidad y el sentido del "yo" son conceptos fundamentales en mi vida desde que tuve conocimiento racional de lo que hago.
Desde entonces, uno se encuentra enfrentado a diversas experiencias y desafíos que ha moldeado la persona que soy y cómo me he visto a mí mismo.
Pero, por desgracia no todo es perfecto, y éstas experiencias y si se juntan todas negativas en un breve espacio de tiempo, generan conflictos internos y una sensación de desconexión con nuestro verdadero "yo".
Pensando en la forma de analizarse uno mismo que es a lo que me dedico en cuerpo y alma en las últimas semanas (no me queda otra), entender y resolver estos conflictos tiene que ser clave para volver a alcanzarlo (eso espero, aunque me está costando mucho), puede ser clave para volver al bienestar psicológico y emocional.
Estoy luchando a diario frente al momento de identidad difusa o poco clara. Me siento perdido, sin un sentido claro de quien soy y hacia dónde me dirijo en la vida.
Esta mierda que me come la cabeza se me manifiesta a diario varias veces, con baja autoestima, indecisión crónica, o la sensación de estar viviendo una vida que no es auténticamente propia.
Y me funde los plomos constatemente, y me ataca los dolores de la polineuropatía que me recorre el cuerpo.
La culpa de qué es?
Sencillo y lo más normal del mundo: experiencias recientes en mi vida traumaticas, familiares, de salud y de trabajo.
Esto me ha dejado una marca muy muy profunda en el inconsciente, pese a que uno hasta entonces pensaba ilusamenete que podía con todo lo que le echaran encima.
Desde los 14 años así me he considerado.
Pero se acabó, de momento, espero...
El psicoanálisis, una teoría desarrollada por Sigmund Freud, propone que nuestra identidad está profundamente influenciada por el inconsciente. Según Freud, el "yo" es la parte de la mente que negocia entre nuestros deseos internos, representados por el ello, y las demandas de la realidad externa, mediadas por el "superyó".
Esta interacción constante me genera conflictos internos que afectan y mucho a mi sentido de identidad.
Para lidiar con esto, estoy intentando salir con la ayuda de la medicación (duloxetina, desketoprofeno y diazepam) y de los profesionales de la psicología terapeutas, que me ayudan a tres conceptos clave: la represión, la proyección y la racionalización de los actos mentales que nutren nuestra forma de ser y de actuar.
Aunque estos mecanismos alguna vez me llegan a proteger de la ansiedad y el estrés, también me está "abriendo el alma de arriba a abajo" y distorsionando la percepción de uno mismo y del mundo.
Por ejemplo, cuando reprimo mis verdaderos deseos lo que consigo es agobiarme porque realmente no quiero seguir un camino de vida que no resuena con mi identidad auténtica, lo que me temo a medio y largo plazo me hará ser una persona insatisfecha y confusa.
Tengo muy claro que el autoanálisis es básico y reconozco que en muchas ocasiones me está fundiendo los plomos, por lo duro que supone "abrirse a uno mismo en canal".
Somos un hámster que corre dentro de una pelota de plástico y no deja de correr dentro de su bola, y cuando paramos de correr, viene a la mente, ésta herramienta que debiera ayudarme a descubrir mi identidad auténtica.
Me está implicando explorar pensamientos, sentimientos y comportamientos actuales y sobretodo pasados, para identificar patrones y conflictos internos.
Desenterrar recuerdos y experiencias pasadas que influyen en mi forma de ser actual.
Al traer estos elementos inconscientes a la conciencia, hay "piezas de puzzle" que se empiezan a integrar, creándome una identidad más coherente y auténtica.
Pero es jodidamente complejo.
Lo más complejo de conseguir lograr esa confianza y seguridad en el día a día, pasa irremediablemente por explorar aspectos profundos y a menudo dolorosos de mi psique.
Pero tengo claro que mi identidad y el sentido del "yo" son aspectos esenciales de mi bienestar psicológico y también, por tanto, físico respecto de los dolores nerviosos.
Verdad es que el reto complicado es ese, el equilibrio psiquico con lo personal.
Esa es la cuestión más complicada de responder, porque esto es algo muy lento y angustioso.
Es como si todos los días se cae un jarrón de agua y todos los días hay que pegar los pedazos rotos.
Partido a partido.
Nunca hay que dejar de creer, sobretodo en uno mismo.
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