ESTOY MAL. CON SUBIDAS Y BAJADAS, PERO MAL.

 La educación desde pequeños, nos debiera de haber dotado de herramientas para poder gestionar las emociones, poder afrontar la adversidad y las situaciones traumáticas que todos tenemos en la vida y en nuestro trabajo diario. 


Me refiero a algo integral, no solo la gestión emocional, sino también cómo podemos entender esos pensamientos tóxicos y negativos que todos tenemos, cómo los podemos gestionar.

Y luego lo que significa la elección que hacemos cada día sobre lo que comemos, lo que bebemos, cómo pensamos, los tóxicos que evitamos, el alcohol, el tabaco, productos ultra procesados, cómo descansamos, el ejercicio que hacemos o que dejamos de hacer.

Y cuando hablo también de conocimiento de la salud, tiene que ver con cuestiones, por ejemplo, diréis, esto es muy elevado, el metabolismo y la glucosa, la resistencia a la insulina. ¿Qué tiene que ver eso con la salud mental? Tiene que ver con sus componentes.

Ahí dejo la idea.

Porque todos en algún momento necesitamos parar, admitir, ser conscientes de nuestras vulnerabilidades, de nuestras debilidades.

Estoy aprendiendo a no esconder mis vulnerabilidades, a decir «no puedo más, necesito parar», «no lo sé», «no sé cómo», Porque así podré pedir consejo, pedir ayuda o pedir un abrazo. Poco a poco voy reconociendo mis debilidades, algo que, creo, es un grado supremo de fortaleza. De la misma manera que no nos da vergüenza decir que nos duele la tripa, no nos debe dar vergüenza decir que nos duele el alma...

Porque hay quien disfruta machacando a los demás con su trabajo, demostrando su falta de sensibilidad y su ausencia de bienestar. Es imposible que alguien con buen equilibrio emocional disfrute haciendo el mal a todos los que estamos a su alrededor. "No discutas con quien busca la provocación y la tensión permanente" me reitero a mí mismo a diario.

Hay que seguir haciendo mucho trabajo ahora que se empieza a hablar de salud mental, de la falta de salud mental, de los riesgos para la salud mental.

Tenemos que dejarnos tiempo para nosotros como personas. La vida está llena de tareas y obligaciones, pero lo único que tenemos es el presente. No puedo dejar de pasar un sólo día sin haberme dejado un tiempo para mí, para pensar, reflexionar, disfrutar, aprender… No soy inmortal y el tiempo que pasa, jamás vuelve.

Porque esa falta de confianza de quien esperas que confíe en uno, es un lastre muy pesado para quien la siente. Solo cuando consigo sacar a flote a diario la confianza en mí, saco lo mejor de mí. Se trata de controlar los pensamientos que me provocan inseguridad y conseguir superar mis miedos, que hace años tenía abandonados.

He de no desesperarme por lo que no depende de mí, y centrarme en todo lo que puedo hacer: tener buenos hábitos físicos y mentales, una actitud positiva, ayudar, agradecer y valorar lo que es importante: la amistad, el amor, la generosidad, la honestidad y la afectividad de verdad.

Lo que siempre he sido y procurado irradiar a quienes me rodean.

La vida es complicada, y nacemos muy desprotegidos, pero si trabajamos bien nuestra mente y nuestra actitud, salvaremos las dificultades y nos llenaremos de aprendizajes. Cuando los obstáculos parezcan insalvables, tenemos que rascar en nuestro interior y confiar siempre en nuestras posibilidades.

Y, sobre todo, cuando la vida te golpee, no rendirnos, aunque sea harto difícil. Cuando las dificultades crezcan, no debemos hundirnos y cuando el sufrimiento me invada, recuperaré mi esperanza, mi alegría y mi buen ánimo.

Porque los peores momentos que me hacen pasar requieren lo mejor que tengo dentro de mí: yo.


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