Defensa de la alegría
No te rindas, por favor, no cedas.
Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda.
Aunque el sol se esconda y se calle el viento.
Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.
Porqué esta es la hora y el mejor momento.
Porqué no estás sola, porqué somos cientos.
Y defendamos la alegría como una trinchera.
Defenderla del escándalo y la rutina.
De la miseria y los miserables.
De las ausencias transitorias y las definitivas.
Y defendamos la alegría porque el día a día es ruina.
Pero nuestra sonrisa no la doma el poder.
Y defender la valentía de creer en utopías.
Porque con alegrías solo se puede vencer.
Y defendamos la alegría de ese nieto.
Que busca bajo el suelo los restos de dignidad.
De ese abuelo que el fascismo hizo preso.
Y fue fusilado al alba mientras gritaba 'no pasaran'.
Y defendemos la alegría a pesar que los asesinos hoy gobiernan...
Y que ganaron la guerra ellos nos dirán, pero humanamente quizá nosotros la hayamos ganado.
Y defendamos la alegría como una bandera.
Que no te hace prisionera, que no cree en dioses ni fronteras.
Defendamos perseguir nuestras quimeras.
Porque hacen falta locos, hacen falta majaderas.
Y defendamos la alegría como un derecho.
Como el derecho a pan, a trabajo y a techo.
Como un derecho que nos niegan.
Pero si no llega iremos con todas nuestras fuerzas a cogerlo.
Y defendamos la alegría del que sube andamios.
Y a los 50 ya no puede casi andar.
Y defendamos la alegría del minero.
Que se juega la vida por llevar a casa pan.
Y defendamos la alegría de esa camarera.
Que aguanta abusos de su jefe y de clientes.
Con dolores de tobillos y cadera.
Pero por su familia lo hace siempre sonriente.
Y defendamos la alegría de ese preso.
Que por su ideología le niegan la libertad.
Pero no hay muros altos ni barrotes gruesos.
Que a las voces discordantes logren poder acallar.
Y defendamos la alegría de la clase trabajadora.
Que a pesar de todo en pie resiste.
Y no desiste al quedar muchas conquistas.
Y somos realistas y exigimos lo imposible.
Si estamos lejos como un horizonte.
Si allá quedaron árboles y cielo.
Si cada noche es siempre alguna ausencia.
Y cada despertar un desencuentro.
Usted preguntará por qué hay que luchar.
Luchamos porque el grito no es bastante.
Y no es bastante el llanto ni la bronca.
Luchamos porque creemos en la gente.
Y porque venceremos la derrota.
Luchamos porque llueve sobre el surco.
Y somos militantes de la vida.
Y porque no podemos ni queremos.
Dejar que la lucha se haga ceniza.
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