La barricada 02/12/2021

En ocasiones me pregunto si me empeño en andar caminos que a nadie interesan. Si no, me estaré equivocando…

Otros días me siento menos solo. En lo personal, cada noche que llego exhausto a mi cama, pero con la sensación de que hice muchas cosas por muchas personas que ni siquiera conozco, me siento muy afortunado de haber elegido la militancia sindical como compromiso de vida. Al objetivo, a la firme voluntad, de dignificar la vida de los derrotados de nuestro país.

Puede que el sindicalismo no tenga la fuerza para hacer justicia que tienen los tribunales, ni la potencia de pegada que podría desplegar el Estado, ni la verdad que dicen tener los libros de Historia. Pero el sindicalismo tiene algo de lo que todo lo demás carece: emoción.

La emoción es la línea más corta para tocar el corazón humano, para descongelar esos glaciares inmóviles y ser capaces de sentir y ponernos en el lugar del otro. Que se acerque, por fin, al otro. Y si cada día somos más quienes dejamos de sentirnos solos y solas en este empeño, tal vez, algo termine por acercarnos. Y sanarnos el individualismo y mirar más por el colectivo.

Hay pocas cosas que puedan sustituir a la unidad de un colectivo que pelea por la subsistencia y la prevalencia o mejora de sus derechos esenciales. Es además una cohesión tribal…

Porque el sindicalismo (el no aburguesado) tiene más fuerza que muchas instituciones, pero no hemos de olvidar el vital fomento de la movilización, de utilizar la huelga como arma para defender nuestros derechos y no alejarnos de la gente. Sobre todo, no alejarnos de la gente.

En caso contrario, cuando queramos que esa clase trabajadora que está adormecida, reaccione, la mayoría de las veces no lo conseguiremos (salvo que les duela y mucho, sus posaderas).

Nada como hacer camino sindical con la clase trabajadora para transmitir a la sociedad, el potencial directo del colectivo y su incidencia mediante la movilización.

Porque, amigas y amigos, la esencia de la lucha de clases en defensa de los derechos colectivos y sus herramientas, no caducan. Muestra de ello es “lo de Cádiz”. Está claro que la lucha obrera en la calle reunifica.

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